Estaba en la azotea, sola. Justo en el mismo lugar donde consumó su amor por primera vez con el hombre que quería, al menos ella lo seguía queriendo, aunque últimamente cuando pensaba en él, no dejaba de mirar el cuchillo que sostenía con firmeza en su mano. No solo la había dejado, la había humillado, la había destrozado sin ninguna piedad, sin ningún remordimiento. Nunca la había querido, solo su cuerpo, su bonito pero a la vez maldito cuerpo… ahora nada importaba, pronto su cuerpo estaría a la merced de los gusanos. Sonrió mientras pensaba en el interior de la caja de pino, en el ridículo traje que la pondrían, el pelo, el maquillaje… sonrió con mas alarde mientras acercaba el cuchillo a su muñeca… el tacto áspero del cuchillo debido al paso del tiempo, el aire suave y ligero a diez pisos de altura, el tierno sabor de su último helado de chocolate… da igual lo que haya más allá. Será sin duda mejor que esto. La firmeza de su mano se estrechó convirtiéndose en fuerza y el acero lanzó un pequeño reflejo antes de aproximarse a la carne…
-Te veo totalmente segura.- una voz que resonaba en su interior pero que influía en el viento, como si viniera de atrás. No se atrevió a mirar. El cuchillo se detuvo a un milímetro escaso de su piel. -No debemos hacer esto, pero no puedo dejar que lo hagas.- continuo la voz con frialdad. La joven bajó un poco la mirada y pudo ver que no había ninguna sombra detrás de ella, pero estaba completamente segura de que había alguien. –Suena mucho a tópico, pero yo te lo puedo asegurar. No merece la pena.- siguió hablando.-Veo como se mueve tu cuerpo con la respiración. Con ese simple gesto ya te envidio… si, créetelo. No sé cuánto tiempo hace, pero desde que dejo de latir mi corazón. Ya me arrepentí.- hizo una pausa y la joven relajó un poco su cuerpo, pero no movió en ningún momento el cuchillo. -Te he visto saboreando el helado, como tus labios se encogían por el frio, como se cerraban tus ojos por el placer que te hace sentir, y la autentica satisfacción de dejar sobre la mesa el plato totalmente vacío. Todos los detalles importan, todas las circunstancias influyen, pero lo que verdaderamente no sabes, es que eso se acaba.- iba a abrir la boca, pero la voz la interrumpió. -Sí, es cierto, lo malo se acaba. Pero que harás con lo bueno… lo bueno no se acaba, lo pierdes. No te hablo de que cambie de sitio, no lo vuelves a ver, no lo vuelves a sentir… la sed. Ya no me acuerdo de lo que era esa sensación, pero sí recuerdo como un buen trago de agua descendiendo por mi garganta la calmaba, y no te puedes imaginar todo lo que echo de menos la verdadera satisfacción. El cansancio con el que llegaba a casa después del trabajo, y la re confortación de cada parte de mi cuerpo cuando me tumbaba sobre la mullida cama… todo igual con el hambre, la diversión, las mujeres, el placer, incluso el dolor, que se vuelve satisfactorio cuando dejas de sentirlo… todo forma parte de un cumulo de cosas que se mezclan que están ahí, y que no nos damos cuenta de que lo tenemos hasta que lo perdemos…- la joven comenzó a temblar, su piel sentía el frio del cuchillo y sus vellos estaban de punta por el afilado del borde.- Ese escalofrió es lo último que yo sentí. Cuan…- la voz dejó de hablar cuando de repente la joven se puso de pie. Lentamente se dio la vuelta
-Puedo verte- dijo con una voz suave y tranquila.-si puedo verte significa que ya estoy en camino…- la joven se desplomó sobre su propia sangre. Notó el calor de ella en su espalda. Su visión se volvía borrosa, ya no distinguía si era de día o de noche. Una luz azul se acercó a ella.
-No sabes cuanta gente que desea fervientemente vivir fallece… todo ese deseo y esa esperanza por continuar podría parar de girar el mundo, pero no lo hace. ¿Por qué dices? Porque hay gente como nosotros que teniendo toda la vida por delante elige acabar con ella…-
La joven comenzó a centrar su vista… -Ahora que puedes verme, te preguntarás por qué he intentado impedírtelo. Por pura diversión, soy como un cazador, me gusta jugar con la presa antes de llevármela… en el momento en el que tuviste contacto conmigo ya no puedes dar vuelta atrás ¿qué sentiste cuando te diste cuenta? Dímelo por favor.- la joven movió los labios y se entendió una palabra:
-Satisfacción.- la joven escuchó una pequeña carcajada. Lo último que pudo distinguir con sus ojos fue una figura con una túnica negra que la envolvía en una gélida y completa oscuridad…
lunes, 20 de diciembre de 2010
lunes, 13 de diciembre de 2010
17.El dolor de las piedras.
Jay se despertó, como tantas otras mañanas. La boca le sabía a lucero del amanecer, y siempre le picaban los ojos después de cambiar a su forma normal. Los animales conocían su clan, así que evitaban cualquier desagradable situación, como hacer sus necesidades sobre ellos mientras estaban en estado de piedra. Nunca fallaba, al caer el Sol, todo su cuerpo se petrificaba, adoptaba una forma fetal sobre la tierra y no era más que otro elemento de la naturaleza.
Esa mañana decidió dar un paseo más largo de lo convencional, se propuso llegar un poco más lejos. El bosque era bastante amplio, sus árboles eran robustos y grandes. Debía de ser primavera, pues estaba muy florecido, y los osos deambulaban en busca de alimentos. Todos los animales se llevaban muy bien con Jay, ninguno dejaba de saludarlo cuando pasaba por su lado. Además él conocía todos los tipos de idiomas y dialectos reconocidos en este terreno. Sin darse cuenta, después de escuchar una breve anécdota de una serpiente, llegó a un paraje bastante despejado. Estaba inundado de flores y hierbas que le cubrían a la altura de los tobillos. Allí se encontró con un zorro, estaba tumbado sobre un matorral de finas hierbas que parecían muy cómodas. El zorro alzó la vista y lo reconoció enseguida, pues Jay era bastante conocido en la comunidad, ya que podría ser el último de su especie. El zorro se acercó deprisa a él, parecía impaciente, pero a la vez su rostro reflejaba serenidad.
-No te puedes imaginar lo que tengo que contarte, o mostrarte, si eres más atrevido.- dijo sin responder al saludo que Jay le hizo con la mano. –creo que no volverás a ser el mismo.-
Jay se encogió de hombros, prácticamente había visto todo o que podía ver en el bosque.
Sin decir nada más el zorro se dio media vuelta y le hizo un gesto de que lo siguiera. No tuvo que andar mucho cuando se dio cuenta de lo que era, sobre unas flores de color amarillas que brillaban por la humedad del amanecer, se encontraba una piedra, tenía un diferido color grisáceo, y era bastante grande. Para cualquier persona normal, no sería más que otra piedra del inmenso bosque. Pero Jay enseguida pudo deslumbrar una luz de esperanza.
-¿Lo has visto?- pregunto casi sin poder respirar de la emoción.
-No- dijo el zorro con algo de decepción- pero se puede apreciar su brillo y el respeto que impone. Además, te puedo asegurar que ayer no estaba aquí.- concluyó el zorro.
Jay no sabía que decir, había pasado infinidad de amaneceres solo. Nunca imaginó que solo paseando se pudiera cumplir su sueño. A cualquier parte a donde iba, solo veía familias. Padres, hermanos, esposa, hijos… todo a su alrededor, estaba sumido en una gran soledad, rodeado de multitud.
El zorro le dijo que tenía hambre y que no sabía si volvería por aquí. Dejó a Jay en sus pensamientos, no apartó la vista de la piedra en ningún momento en el que el zorro se alejaba.
-Un momento…- estaba solo en aquel descampado. Un extraño pensamiento se le vino a la cabeza de repente. Estaba tan emocionado que no se había parado a pensar en ello. El Sol estaba en lo más alto, y su forma era de piedra. No podía pensar con claridad, pero esta vez no era de emoción, estaba aterrado, no podía ser… ahora debería de tener su forma.
El zorro no sería tan desgraciado de gastarle una broma tan pesada. Debía de tener una solución, debía de haber una explicación, se sentó delante de la piedra, y se puso a pensar.
Pasó toda la tarde, no pudo recordar nada de lo que le contaron cuando era pequeño. Sus recuerdos se centraban en su madre, pero ninguna de sus historias encajaban con la idea de alguien inverso, alguien que de noche caminara en la forma que el adoptaba de día.
Mientras seguía pensando en alguna idea que le pudiera aclarar todas las incertidumbres que rondaban su cabeza, oyó un ruido detrás de él. Un búho se había posado en la rama de uno de los árboles que rodeaban el descampado.
-Hola Jay- dijo el ave nocturna, cerciorándose de que estaba pasando por algún mal.- ¿te ocurre algo?-
Jay tuvo una idea. Los búhos eran nocturnos, el podría ver si de noche se transformaba.
-Necesito que me hagas un favor- dijo con impaciencia- creo que esta piedra, o sea… podrías….-
-No me digas más-le interrumpió el búho.-pero… ¿no debería de tener tu forma?- preguntó con inquietud.
-Eso es lo que quiero que me digas. Podría ser de los míos, pero algo así como nocturno, como tú…- dijo Jay con un tono de suplica.
-Está bien, lo comprobaré, pero ya sabes que algún día te pediré que me devuelvas el favor.- dijo con tono soberano.
Jay asintió emocionado, estaba a punto de anochecer, y el no podía ver la noche en ningún momento, ni siquiera podía ver como su cuerpo se transformaba. Solo podía adoptar su forma fetal, cerrar los ojos, y descansar. Así lo hizo. A unos pocos metros de su supuesto compañero, se transformó y cayó la noche.
El búho observo el cambio de Jay, pero no pudo ver terminar la transformación pues la otra piedra comenzó a moverse, y se puso de pie. El búho se quedo helado al ver la escena que se acaba de producir, ninguno de los dos pudo ver el cambio del otro.
El búho observó con detenimiento la figura que se alzaba, estirándose y frotándose los ojos. El búho llamó su atención con su peculiar sonido, y le dijo:
-Buenas noches joven, puedo preguntarle cómo se llama…-
Sui se despertó como una noche más.
Esa mañana decidió dar un paseo más largo de lo convencional, se propuso llegar un poco más lejos. El bosque era bastante amplio, sus árboles eran robustos y grandes. Debía de ser primavera, pues estaba muy florecido, y los osos deambulaban en busca de alimentos. Todos los animales se llevaban muy bien con Jay, ninguno dejaba de saludarlo cuando pasaba por su lado. Además él conocía todos los tipos de idiomas y dialectos reconocidos en este terreno. Sin darse cuenta, después de escuchar una breve anécdota de una serpiente, llegó a un paraje bastante despejado. Estaba inundado de flores y hierbas que le cubrían a la altura de los tobillos. Allí se encontró con un zorro, estaba tumbado sobre un matorral de finas hierbas que parecían muy cómodas. El zorro alzó la vista y lo reconoció enseguida, pues Jay era bastante conocido en la comunidad, ya que podría ser el último de su especie. El zorro se acercó deprisa a él, parecía impaciente, pero a la vez su rostro reflejaba serenidad.
-No te puedes imaginar lo que tengo que contarte, o mostrarte, si eres más atrevido.- dijo sin responder al saludo que Jay le hizo con la mano. –creo que no volverás a ser el mismo.-
Jay se encogió de hombros, prácticamente había visto todo o que podía ver en el bosque.
Sin decir nada más el zorro se dio media vuelta y le hizo un gesto de que lo siguiera. No tuvo que andar mucho cuando se dio cuenta de lo que era, sobre unas flores de color amarillas que brillaban por la humedad del amanecer, se encontraba una piedra, tenía un diferido color grisáceo, y era bastante grande. Para cualquier persona normal, no sería más que otra piedra del inmenso bosque. Pero Jay enseguida pudo deslumbrar una luz de esperanza.
-¿Lo has visto?- pregunto casi sin poder respirar de la emoción.
-No- dijo el zorro con algo de decepción- pero se puede apreciar su brillo y el respeto que impone. Además, te puedo asegurar que ayer no estaba aquí.- concluyó el zorro.
Jay no sabía que decir, había pasado infinidad de amaneceres solo. Nunca imaginó que solo paseando se pudiera cumplir su sueño. A cualquier parte a donde iba, solo veía familias. Padres, hermanos, esposa, hijos… todo a su alrededor, estaba sumido en una gran soledad, rodeado de multitud.
El zorro le dijo que tenía hambre y que no sabía si volvería por aquí. Dejó a Jay en sus pensamientos, no apartó la vista de la piedra en ningún momento en el que el zorro se alejaba.
-Un momento…- estaba solo en aquel descampado. Un extraño pensamiento se le vino a la cabeza de repente. Estaba tan emocionado que no se había parado a pensar en ello. El Sol estaba en lo más alto, y su forma era de piedra. No podía pensar con claridad, pero esta vez no era de emoción, estaba aterrado, no podía ser… ahora debería de tener su forma.
El zorro no sería tan desgraciado de gastarle una broma tan pesada. Debía de tener una solución, debía de haber una explicación, se sentó delante de la piedra, y se puso a pensar.
Pasó toda la tarde, no pudo recordar nada de lo que le contaron cuando era pequeño. Sus recuerdos se centraban en su madre, pero ninguna de sus historias encajaban con la idea de alguien inverso, alguien que de noche caminara en la forma que el adoptaba de día.
Mientras seguía pensando en alguna idea que le pudiera aclarar todas las incertidumbres que rondaban su cabeza, oyó un ruido detrás de él. Un búho se había posado en la rama de uno de los árboles que rodeaban el descampado.
-Hola Jay- dijo el ave nocturna, cerciorándose de que estaba pasando por algún mal.- ¿te ocurre algo?-
Jay tuvo una idea. Los búhos eran nocturnos, el podría ver si de noche se transformaba.
-Necesito que me hagas un favor- dijo con impaciencia- creo que esta piedra, o sea… podrías….-
-No me digas más-le interrumpió el búho.-pero… ¿no debería de tener tu forma?- preguntó con inquietud.
-Eso es lo que quiero que me digas. Podría ser de los míos, pero algo así como nocturno, como tú…- dijo Jay con un tono de suplica.
-Está bien, lo comprobaré, pero ya sabes que algún día te pediré que me devuelvas el favor.- dijo con tono soberano.
Jay asintió emocionado, estaba a punto de anochecer, y el no podía ver la noche en ningún momento, ni siquiera podía ver como su cuerpo se transformaba. Solo podía adoptar su forma fetal, cerrar los ojos, y descansar. Así lo hizo. A unos pocos metros de su supuesto compañero, se transformó y cayó la noche.
El búho observo el cambio de Jay, pero no pudo ver terminar la transformación pues la otra piedra comenzó a moverse, y se puso de pie. El búho se quedo helado al ver la escena que se acaba de producir, ninguno de los dos pudo ver el cambio del otro.
El búho observó con detenimiento la figura que se alzaba, estirándose y frotándose los ojos. El búho llamó su atención con su peculiar sonido, y le dijo:
-Buenas noches joven, puedo preguntarle cómo se llama…-
Sui se despertó como una noche más.
domingo, 4 de julio de 2010
16. Un florero en cada casa y un cerebro para cada girasol.
Estamos rodeados, una salida que no podemos usar… ellos la quieren de entrada. Vaya idea la de encerrarnos aquí, seguro que fue de Godfry. Ese maldito gordo… cualquier sitio es bueno si tiene la nevera llena, aunque de que porras sirve, si no hay luz. Te enteras Godfry: “¡No hay luz!” Es evidente, no creo que la idea fuera de Janis… la voluptuosa ninfa de mi próximo sexo en solitario.
Este sitio no medirá más de 60 metros cuadrados, vaya lugar. Muebles de los años 30 por lo menos, las paredes con gotéele, y los típicos cuadros de animales y jarrones llenos de frutas.
Parece que estamos rodeados, es increíble lo rápido que llegaron a hacerse con casi todo. Los teléfonos, la compañía del agua, el restaurante Mcdonald´s… todo fue culpa de los ecologistas: “La naturaleza es nuestra amiga, hay que replantar…” seguro que aquel hippie que cayó el primero no pensará lo mismo, bueno no podrá pensar nada, sin cerebro. Ahora es el alimento predilecto de ellos: Los Girasoles… no puedo quitarme de la cabeza las imágenes de toda esa gente cubierta de pétalos amarillos y sus cabezas huecas llenas de cáscaras de pipas… ¿por qué lo hacen? Hay muchas teorías al respecto, quieren ser más inteligentes, un alimento específico basado en la fibra, o simplemente porque es más horrible y queda más peliculero.
Ya están ahí, golpean la puerta con la fuerza de 10 niños recién nacidos. Todos temblamos de terror. Pensamos en el suicidio, en todas las cosas que se nos quedarán pendientes por hacer, creo sinceramente que pensamos por que dentro de poco no lo haremos más…
Ahí vienen, los pétalos amarillos asoman por debajo de la puerta, y el sonido del mascar unas pipas…
Sé lo que hay que hacer. Ha llegado la hora. Debo encontrar en mi interior el valor necesario y conseguirlo por todos los medios. El coraje de un hombre despierta en las situaciones más desesperadas… allá vamos.
“Janis…ya que vamos a morir…podríamos… ya sabes…”
Por lo menos lo he intentado… en fin, nunca pensé que moriría así… descuartizado por unos girasoles mutantes… mi cabeza será un florero. Lamentable… seguramente no valdré ni para eso.
The End.
Este sitio no medirá más de 60 metros cuadrados, vaya lugar. Muebles de los años 30 por lo menos, las paredes con gotéele, y los típicos cuadros de animales y jarrones llenos de frutas.
Parece que estamos rodeados, es increíble lo rápido que llegaron a hacerse con casi todo. Los teléfonos, la compañía del agua, el restaurante Mcdonald´s… todo fue culpa de los ecologistas: “La naturaleza es nuestra amiga, hay que replantar…” seguro que aquel hippie que cayó el primero no pensará lo mismo, bueno no podrá pensar nada, sin cerebro. Ahora es el alimento predilecto de ellos: Los Girasoles… no puedo quitarme de la cabeza las imágenes de toda esa gente cubierta de pétalos amarillos y sus cabezas huecas llenas de cáscaras de pipas… ¿por qué lo hacen? Hay muchas teorías al respecto, quieren ser más inteligentes, un alimento específico basado en la fibra, o simplemente porque es más horrible y queda más peliculero.
Ya están ahí, golpean la puerta con la fuerza de 10 niños recién nacidos. Todos temblamos de terror. Pensamos en el suicidio, en todas las cosas que se nos quedarán pendientes por hacer, creo sinceramente que pensamos por que dentro de poco no lo haremos más…
Ahí vienen, los pétalos amarillos asoman por debajo de la puerta, y el sonido del mascar unas pipas…
Sé lo que hay que hacer. Ha llegado la hora. Debo encontrar en mi interior el valor necesario y conseguirlo por todos los medios. El coraje de un hombre despierta en las situaciones más desesperadas… allá vamos.
“Janis…ya que vamos a morir…podríamos… ya sabes…”
Por lo menos lo he intentado… en fin, nunca pensé que moriría así… descuartizado por unos girasoles mutantes… mi cabeza será un florero. Lamentable… seguramente no valdré ni para eso.
The End.
domingo, 27 de junio de 2010
15.Ya nada será igual
Un día esplendido. Los grandes árboles dejaban pasar pequeños rayos de luz provenientes del Sol que iluminaban los senderos. Pero lo que más brillaba, era Yü. Había salido más temprano de lo normal para su paseo diario durante el día. El bosque era muy profundo y laberíntico, pero para la joven nunca había sido un problema, pues habitaba en él desde hacía siglos. Conocía todos los peligros, y nunca salía de los bordes que sus antepasados le impusieron. Para ella cada día era una aventura diferente: Un día corría por las ramas con las pequeñas patas de un roedor; otro día recorría los pequeños caminos del sendero con las pezuñas de un mamífero… pero la que más le gustó fue la de volar entre los árboles con esa piel de diferentes colores llamativos. Ese día decidió repetir esa experiencia.
Yü se deslizaba por el aire con mucha soltura, y pensó que no podría ser más feliz. De repente oyó algo a lo lejos. Era un sonido que nunca había oído de ningún ser del bosque. Le provocaba cierta angustia y le daba bastante miedo. Pero la curiosidad pudo más que cualquier cosa que pudiera sentir. Ahora el sonido era más fuerte, se estaba acercando. Por fin llegó al sitio, se posó sobre una planta bastante grande, y miró con detenimiento. En el suelo había una especie de animal no se movía ningún ápice, así que supuso que estaría durmiendo. Su piel era muy extraña, como si tuviera varias capas y de diferentes colores. Tenía una larga cabellera morena, pero solo en la cabeza. Estaba tumbada hacia arriba, y sus patas traseras estaban separadas. Entre esas patas, se encontraba un ser más pequeño, tenía un cierto parecido en la forma con el animal mayor pero este no tenía pelo ni tampoco ninguna piel por encima. Estaba embadurnado en un extraño líquido rojo y de su estómago se diferenciaba una especie de cola. El animal pequeño agitaba las patas, pero no se movía del sitio. El rugido que emanaba era cada vez más intenso. No pudo soportarlo más y se dirigió hacia la pequeña criatura.
-Alto Yü- escuchó de repente una voz en su interior. Hacía mucho tiempo que no escuchaba la voz de su ancestro. –No te acerques, aléjate.- Nunca había desobedecido a su ancestro. Así que Yü comenzó a volar y tomó el camino por donde había venido. Iba concentrada en la voz que seguía hablándole, así no podía oír al pequeño animal.
-Nunca te hablé de ellos. No sé por dónde empezar. Lo único que puedo decirte es que ya nada será igual. Ningún habitante del bosque es tan horrible como la cría que acabas de ver.- la voz siguió hablando mientras Yü volaba. –No posee ninguna virtud como la visión de un halcón ni la velocidad de un zorro… pero tiene algo en su interior, algo siniestro. Una gran capacidad de aprendizaje, y cuanto más aprende, más peligroso se vuelve. Esperemos que no pasen de ahí. Lo único que podemos hacer es desear con todo nuestro corazón que esa especie no ponga un pie en tu bosque… Apaga tu deseo de saber más Yü, eso es lo que ha corrompido a esa especie.
The End
Yü se deslizaba por el aire con mucha soltura, y pensó que no podría ser más feliz. De repente oyó algo a lo lejos. Era un sonido que nunca había oído de ningún ser del bosque. Le provocaba cierta angustia y le daba bastante miedo. Pero la curiosidad pudo más que cualquier cosa que pudiera sentir. Ahora el sonido era más fuerte, se estaba acercando. Por fin llegó al sitio, se posó sobre una planta bastante grande, y miró con detenimiento. En el suelo había una especie de animal no se movía ningún ápice, así que supuso que estaría durmiendo. Su piel era muy extraña, como si tuviera varias capas y de diferentes colores. Tenía una larga cabellera morena, pero solo en la cabeza. Estaba tumbada hacia arriba, y sus patas traseras estaban separadas. Entre esas patas, se encontraba un ser más pequeño, tenía un cierto parecido en la forma con el animal mayor pero este no tenía pelo ni tampoco ninguna piel por encima. Estaba embadurnado en un extraño líquido rojo y de su estómago se diferenciaba una especie de cola. El animal pequeño agitaba las patas, pero no se movía del sitio. El rugido que emanaba era cada vez más intenso. No pudo soportarlo más y se dirigió hacia la pequeña criatura.
-Alto Yü- escuchó de repente una voz en su interior. Hacía mucho tiempo que no escuchaba la voz de su ancestro. –No te acerques, aléjate.- Nunca había desobedecido a su ancestro. Así que Yü comenzó a volar y tomó el camino por donde había venido. Iba concentrada en la voz que seguía hablándole, así no podía oír al pequeño animal.
-Nunca te hablé de ellos. No sé por dónde empezar. Lo único que puedo decirte es que ya nada será igual. Ningún habitante del bosque es tan horrible como la cría que acabas de ver.- la voz siguió hablando mientras Yü volaba. –No posee ninguna virtud como la visión de un halcón ni la velocidad de un zorro… pero tiene algo en su interior, algo siniestro. Una gran capacidad de aprendizaje, y cuanto más aprende, más peligroso se vuelve. Esperemos que no pasen de ahí. Lo único que podemos hacer es desear con todo nuestro corazón que esa especie no ponga un pie en tu bosque… Apaga tu deseo de saber más Yü, eso es lo que ha corrompido a esa especie.
The End
lunes, 21 de junio de 2010
14. Una prueba de vida.
Jack abrió los ojos, y se sintió desconcertado. Hace menos de un parpadeo que estaba conduciendo. Salió tarde del trabajo y se dirigía a casa con su familia. Ahora no había nada. Una sensación desagradable le invadió el cuerpo. Todo era blanco. No se podía distinguir el suelo que pisaba. Nada alrededor. ¿Se había dormido? No logrará averiguarlo si no se despierta. Al fondo pudo ver algo que llamó su atención. Era una puerta. La puerta parecía ser de una clínica.
La abrió y no se extrañó nada al ver lo que había detrás de ella. Una sala de espera. Unas plantas en la esquina, unas sillas, una mesita con algunas revistas, y una ventanilla junto a otra puerta. Se acercó a la ventanilla que estaba cerrada. Leyó un cartel que había en el cristal. “Esperen su turno, serán avisados”.
Miró a las sillas, había una anciana que parecía un tanto desvalida. Estaba durmiendo. Se sentó en frente de ella. La puerta junto a la ventanilla se abrió. Jack miró a la anciana, seguía durmiendo. Pudo ver que en su mano, tenía una muñeca pero no le extrañó por alguna razón. Se fijó en la puerta, que todavía seguía abierta. Él se levantó. Se acercó a la puerta, miró de nuevo a la anciana. Dudó un instante, pero finalmente se decidió. Se acercó a la anciana y le puso la mano en el hombro. La señora levantó la vista, se puso en pie y anduvo despacio hacia la puerta. Antes de cruzar la puerta, la anciana miró a Jack y le hizo un gesto de asentimiento.
Jack sonrió y se sentó. No tuvo que esperar demasiado. La puerta se abrió de nuevo. Fue hacia ella, y entró en un pasillo con 2 puertas, una enfrente de la otra.
En la derecha había varias personas sentadas, algunas leían revistas, y otras simplemente esperaban. En la puerta de enfrente había una persona en una cama, tenía conectado varios goteros y una maquina que detectaba el pulso y la tensión. Jack entró en la habitación, la persona que se encontraba en la cama era la misma anciana de la sala de espera. Encontró su ficha en una mesilla, no ponía su nombre. Entre tanto argot médico pudo distinguir: “fallecimiento inminente”. No sabía por qué, pero sintió bastante lástima. No había nadie más en la habitación. La anciana estaba sola. Jack se iba a marchar, en la puerta miró a la anciana, vio en el electrocardiógrafo, como el pulso y la tensión bajaban cada vez más rápido. Corrió hacia la sala de enfrente, y comenzó a gritar. Nadie levantaba la vista, la gente seguía leyendo, tomando café… nadie le prestaba atención. Se dirigió a la sala de espera de antes, pero la puerta no se abría. Le dio una patada a algo en el suelo. Era la muñeca de la anciana. La cogió. Se acordó de la anciana. Fue hacia la habitación de nuevo. Las líneas de la máquina eran rectas, la anciana estaba muerta. Fue hacia ella. No respiraba. Le cogió la mano, que aun estaba caliente. Le puso la muñeca en el pecho, y los brazos alrededor de ella. De repente el cuerpo de la anciana dio un salto en la cama, y Jack notó un fuerte dolor en el pecho. La anciana seguía con los brazos cruzados alrededor de la muñeca. Otro salto. Más dolor en el pecho. Jack apenas se tenía en pie. La anciana dio otro salto, esta vez se quedó un instante en el aire. Y el dolor fue mucho más intenso… empezó a verlo todo nublado. Lo último que pudo ver antes de perder el conocimiento fue como la anciana se levantaba de la cama y se dirigía hacia él arrastrando la muñeca…
-Tiene pulso, lo tenemos doctor.- la enfermera ajustó los goteros, y comprobó el electrocardiógrafo de nuevo.
- Buen trabajo muchachos, Susan lo has hecho muy bien- el doctor se quitó los guantes y respiró con tranquilidad. – Termine la sutura, y prepare otra transfusión.- dijo a sus ayudantes que siguieron trabajando. El doctor salió a la sala de espera. Allí se encontraba una mujer con una niña. Estaba desecha por los nervios. El médico la tranquilizó, y le explicó la situación. La mujer lloró de alegría y abrazó a su hija. La pequeña sonreía, a pesar del llanto de su madre, pues en el fondo entendía que todo iba bien. El médico se dirigió a la pequeña.
-Ya pasó preciosa, pronto verás a papá.- la niña le enseñó lo que sujetaba.
- Vaya que bonita muñeca, ¿Cómo se llama?-.
The End
La abrió y no se extrañó nada al ver lo que había detrás de ella. Una sala de espera. Unas plantas en la esquina, unas sillas, una mesita con algunas revistas, y una ventanilla junto a otra puerta. Se acercó a la ventanilla que estaba cerrada. Leyó un cartel que había en el cristal. “Esperen su turno, serán avisados”.
Miró a las sillas, había una anciana que parecía un tanto desvalida. Estaba durmiendo. Se sentó en frente de ella. La puerta junto a la ventanilla se abrió. Jack miró a la anciana, seguía durmiendo. Pudo ver que en su mano, tenía una muñeca pero no le extrañó por alguna razón. Se fijó en la puerta, que todavía seguía abierta. Él se levantó. Se acercó a la puerta, miró de nuevo a la anciana. Dudó un instante, pero finalmente se decidió. Se acercó a la anciana y le puso la mano en el hombro. La señora levantó la vista, se puso en pie y anduvo despacio hacia la puerta. Antes de cruzar la puerta, la anciana miró a Jack y le hizo un gesto de asentimiento.
Jack sonrió y se sentó. No tuvo que esperar demasiado. La puerta se abrió de nuevo. Fue hacia ella, y entró en un pasillo con 2 puertas, una enfrente de la otra.
En la derecha había varias personas sentadas, algunas leían revistas, y otras simplemente esperaban. En la puerta de enfrente había una persona en una cama, tenía conectado varios goteros y una maquina que detectaba el pulso y la tensión. Jack entró en la habitación, la persona que se encontraba en la cama era la misma anciana de la sala de espera. Encontró su ficha en una mesilla, no ponía su nombre. Entre tanto argot médico pudo distinguir: “fallecimiento inminente”. No sabía por qué, pero sintió bastante lástima. No había nadie más en la habitación. La anciana estaba sola. Jack se iba a marchar, en la puerta miró a la anciana, vio en el electrocardiógrafo, como el pulso y la tensión bajaban cada vez más rápido. Corrió hacia la sala de enfrente, y comenzó a gritar. Nadie levantaba la vista, la gente seguía leyendo, tomando café… nadie le prestaba atención. Se dirigió a la sala de espera de antes, pero la puerta no se abría. Le dio una patada a algo en el suelo. Era la muñeca de la anciana. La cogió. Se acordó de la anciana. Fue hacia la habitación de nuevo. Las líneas de la máquina eran rectas, la anciana estaba muerta. Fue hacia ella. No respiraba. Le cogió la mano, que aun estaba caliente. Le puso la muñeca en el pecho, y los brazos alrededor de ella. De repente el cuerpo de la anciana dio un salto en la cama, y Jack notó un fuerte dolor en el pecho. La anciana seguía con los brazos cruzados alrededor de la muñeca. Otro salto. Más dolor en el pecho. Jack apenas se tenía en pie. La anciana dio otro salto, esta vez se quedó un instante en el aire. Y el dolor fue mucho más intenso… empezó a verlo todo nublado. Lo último que pudo ver antes de perder el conocimiento fue como la anciana se levantaba de la cama y se dirigía hacia él arrastrando la muñeca…
-Tiene pulso, lo tenemos doctor.- la enfermera ajustó los goteros, y comprobó el electrocardiógrafo de nuevo.
- Buen trabajo muchachos, Susan lo has hecho muy bien- el doctor se quitó los guantes y respiró con tranquilidad. – Termine la sutura, y prepare otra transfusión.- dijo a sus ayudantes que siguieron trabajando. El doctor salió a la sala de espera. Allí se encontraba una mujer con una niña. Estaba desecha por los nervios. El médico la tranquilizó, y le explicó la situación. La mujer lloró de alegría y abrazó a su hija. La pequeña sonreía, a pesar del llanto de su madre, pues en el fondo entendía que todo iba bien. El médico se dirigió a la pequeña.
-Ya pasó preciosa, pronto verás a papá.- la niña le enseñó lo que sujetaba.
- Vaya que bonita muñeca, ¿Cómo se llama?-.
The End
lunes, 14 de junio de 2010
13. Todo lo que se hizo y lo que no se pudo hacer. Parte 3
Menos mal que el muchacho estaba en coma, no podría mirarle a la cara y decirle que no llegaría a tener 12 años. Había gastado todos sus ahorros y los médicos no podían hacer nada. La joven no volvería a derramar tantas lágrimas en su vida, su hermanito era lo único que tenía en la vida. Un dolor le vino al brazo, se había cortado con un resquicio de la silla… hizo un gesto irónico. Casi 150 dólares diarios en cuidados médicos y no eran capaces de lijar un triste poza brazo de madera. Se limpió la herida en el baño, le quedó un resto en la palma de la mano. La miró con detenimiento, una lágrima cayó y se mezcló con la mancha roja… miró el espejo. Su reflejo no lloraba, no se miraba la mano. Estaba sonriendo y tenía los ojos rojos… la joven dio un paso atrás… No tengas miedo… no podía moverse, tenía más curiosidad que miedo… que pensáis cuando veis vuestro reflejo, yo no puedo ver el mío. Siempre estoy en este lado… un remolino de pensamientos le vino a la cabeza, la cual podría estar perdiendo… supongo que esta escena supone un shock, y luego vais por el mundo creyendo que lo habéis visto todo. No voy a entretenerte más… se sentía como si no pudiera escapar, como si algo le impidiera mover hasta uno solo de sus cabellos… ¿hasta dónde serias capaz de llegar para salvar a tu hermano? Si no puedes ver, ni de lejos, el límite, sigue tu instinto, rompe todas las barreras que te hacen ser una frágil humana… dirígete al fondo del pasillo y te darás cuenta verdaderamente de lo que eres capaz. No pienses, solo lo hará más duro… Se despertó de un sobresalto en la silla, no tenía ningún corte. Fue una pesadilla. Miró al chico en la cama, suspiró, lástima que todo lo demás no lo fuera. No tenía reloj pero debían ser más de las 12 de la noche. Se levantó y le dio un beso en la mejilla. Salió al pasillo, estaba desierto. Al fondo en una pared estaba la maquina del café. De camino, se cercioró de que había un hombre echando monedas. Iba con el pijama del hospital, y arrastraba un gotero consigo. El hombre, corpulento y muy sereno, caminaba con bastante dificultad. Cuando se cruzó con ella, iba a saludarle, pero algo le impidió abrir la boca… sus ojos… rojos, el rojo más intenso… todo le vino a la cabeza, el fondo del pasillo, el instinto, su hermano, el espejo… llegó a una conclusión. Ahí estaba la barrera.
-¿Ocurre algo?- pregunto el hombre de manera desagradable. La joven negó con la cabeza. Y fue hacia la máquina más rápidamente. El hombre la miró de arriba abajo y la siguió con la mirada hasta que ella llegó a la maquina.
No pensó en nada más. Fue a la zona de medicamentos, el enfermero estaba durmiendo. Un vistazo rápido. Tres jeringuillas bastarán. El hombre miraba por una ventana abierta mientras fumaba. Andaba hacia él, sus pasos no hacían ruido, su pulso se aceleraba por momentos. Cuando el hombre levantó la cabeza para expulsar el humo, ella dio un paso largo, y le clavó las jeringuillas en el cuello con la mano izquierda, mientras que con la derecha, empujaba el aire hacia dentro. El hombre empezó a retorcerse, pero no se iba a quedar ahí. La agarró por el cuello mientras se derrumbaba, tenía aun mucha fuerza. La arrastró al suelo. Si seguía así la mataría antes de que el aire colapsara todo su cuerpo. Cuando cayó al suelo ella pudo distinguir un vendaje con una pequeña mancha roja a la altura del pecho bajo el pijama. Concentró toda la fuerza que pudo en su puño derecho, y comenzó a golpearlo en el punto exacto. Mientras golpeaba una y otra vez pudo darse cuenta de cómo la mancha roja se hacía más grande y la fuerza del hombre iba menguando. Fueron incontables todos los golpes que había dado, pero por fin el hombre dejó de respirar. Su cuerpo temblaba, le dolían los nudillos, y respiraba con dificultad. Apartó de su cuello las manos del hombre y se incorporó. Miró el cuerpo sin vida. Tuvo ganas de vomitar, pero siempre había tenido un estómago fuerte. Algo detrás. El enfermero, miraba con miedo y asombro la escena. –Era un hijo de puta muy peligroso, si te vas y no me haces daño, diré que nunca has estado aquí… lo juro- dijo el muchacho con voz temblorosa. Sus ojos no reflejaban maldad alguna. Dando ligeros tumbos hacia los lados se dirigió hacia la habitación de su hermano. Se acercó a él. Le dio un gran beso en la mejilla y con lágrimas en los ojos le dijo al oído que lo quería…
Salió del hospital. Estaba lloviendo, alzó un poco la mano. El agua fría le calmaba el dolor. Entró en un callejón. Entre la basura había un trozo de cristal. Lo cogió y le dijo a su reflejo: - ¿Cuántos más?-
Mañana el mundo seguirá igual, pero no para ella. Para ella su mundo será rojo… como el reflejo de sus ojos.
The End
-¿Ocurre algo?- pregunto el hombre de manera desagradable. La joven negó con la cabeza. Y fue hacia la máquina más rápidamente. El hombre la miró de arriba abajo y la siguió con la mirada hasta que ella llegó a la maquina.
No pensó en nada más. Fue a la zona de medicamentos, el enfermero estaba durmiendo. Un vistazo rápido. Tres jeringuillas bastarán. El hombre miraba por una ventana abierta mientras fumaba. Andaba hacia él, sus pasos no hacían ruido, su pulso se aceleraba por momentos. Cuando el hombre levantó la cabeza para expulsar el humo, ella dio un paso largo, y le clavó las jeringuillas en el cuello con la mano izquierda, mientras que con la derecha, empujaba el aire hacia dentro. El hombre empezó a retorcerse, pero no se iba a quedar ahí. La agarró por el cuello mientras se derrumbaba, tenía aun mucha fuerza. La arrastró al suelo. Si seguía así la mataría antes de que el aire colapsara todo su cuerpo. Cuando cayó al suelo ella pudo distinguir un vendaje con una pequeña mancha roja a la altura del pecho bajo el pijama. Concentró toda la fuerza que pudo en su puño derecho, y comenzó a golpearlo en el punto exacto. Mientras golpeaba una y otra vez pudo darse cuenta de cómo la mancha roja se hacía más grande y la fuerza del hombre iba menguando. Fueron incontables todos los golpes que había dado, pero por fin el hombre dejó de respirar. Su cuerpo temblaba, le dolían los nudillos, y respiraba con dificultad. Apartó de su cuello las manos del hombre y se incorporó. Miró el cuerpo sin vida. Tuvo ganas de vomitar, pero siempre había tenido un estómago fuerte. Algo detrás. El enfermero, miraba con miedo y asombro la escena. –Era un hijo de puta muy peligroso, si te vas y no me haces daño, diré que nunca has estado aquí… lo juro- dijo el muchacho con voz temblorosa. Sus ojos no reflejaban maldad alguna. Dando ligeros tumbos hacia los lados se dirigió hacia la habitación de su hermano. Se acercó a él. Le dio un gran beso en la mejilla y con lágrimas en los ojos le dijo al oído que lo quería…
Salió del hospital. Estaba lloviendo, alzó un poco la mano. El agua fría le calmaba el dolor. Entró en un callejón. Entre la basura había un trozo de cristal. Lo cogió y le dijo a su reflejo: - ¿Cuántos más?-
Mañana el mundo seguirá igual, pero no para ella. Para ella su mundo será rojo… como el reflejo de sus ojos.
The End
domingo, 6 de junio de 2010
12. Todo lo que se hizo y lo que no se pudo hacer. Parte 2
Lo último que dijo aquel despreciable, es que uno de los mejores ejecutores del Jefe se encontraba en ese mugriento edificio de viviendas. “Vaya momento para enfrentarme al más peligroso…”-pensaba mientras se miraba la herida que le sangraba en el costado derecho. Los puntos que se hizo ella provisionalmente no ayudaban nada, pero no tenía otra opción, todas las fuerzas del orden le buscaban, y no podía arriesgarse en un hospital… no le quedaba mucho tiempo de vida, lo notaba. Todos los planes y el sigilo se fueron al traste, desenfundó sus armas, una de sus 9 mm estaba llena de sangre, de su propia sangre. Abrió bien los ojos, y se dirigió a toda prisa hacia la puerta. El sonido de la puerta de un coche la hizo detenerse, dos hombres salieron hacia ella. Ambos llevaban una mano dentro de la chaqueta. Se acercaron despacio, ella quitó el seguro a sus armas… uno de ellos se quitó las gafas, entonces pudo verlo, el color carmesí cubría todo el ojo… tres disparos certeros, uno de ellos intentó levantarse, mientras vomitaba una gran cantidad de sangre. Fue lo último que intentó hacer, una bala le atravesó la cabeza y le destrozó la mandíbula.
Entró en el edificio, subió las escaleras torpemente, su destino se encontraba en la 2 planta… al llegar cayó de bruces contra una puerta, se estaba despistando. No podía permitir fallar ahora, contando los dos de abajo, tan solo le quedaban 4 para acabar. Después de 6 meses de muerte y caos. Un ruido tras la puerta sobre la que estaba apoyada llamó su atención. – En la puerta de enfrente, son 4, ten mucho cuidado… rezaré por ti. – sus pasos se alejaron y ella se incorporó del todo, su sangre había formado un pequeño charco en el felpudo.
El joven se encontraba tras la puerta, a la espera de que la zorra se encontrara en la línea de tiro… miró por la mirilla, la vio acercarse. Hizo una señal a los dos matones que se encontraban tras los muebles por si el chico fallaba. El jefe se encontraba al final del salón en la puerta de la cocina, impacientándose… amartilló el arma muy despacio y escuchó sus pasos. Abrió fuego a media altura de la puerta, que quedó totalmente agujereada. Sin munición, había demasiado humo, se puso de pie, y miro por la mirilla de nuevo.
Estaba oscuro, y antes de decir nada, ella apretó el gatillo… la bala entró por el ojo y salió por la parte de atrás llenando toda la entrada y parte del salón del conjunto cerebral del muchacho. Los matones desde el salón abrieron fuego destrozando el cuerpo sin vida del joven mientras caía al suelo. La muchacha esperaba pacientemente en la puerta de al lado hasta que los matones tuvieran que recargar… sus parpados le pesaban, apenas podía tenerse en pie, solo le quedaban 3, estaba muy cerca, muy cerca… estaba a la distancia de tres balas… se acabó la munición, besó un pequeño colgante que tenía en el cuello, y se adentró en la casa. Un disparo, el primero a la garganta, era un hombre fuerte, tardará en morir unos minutos… Segundo disparo, directo al pecho a través del sofá, seccionó partes vitales del corazón… Faltaba uno, fue al dormitorio, la ventana estaba abierta, había escapado. No se iba a rendir, no se podía rendir… pero su cuerpo ya tomó esa decisión antes de que llegara al salón. En el suelo, sin poder moverse, sin sentir dolor. Lloraba de impotencia, de desesperación… su mano agarraba el acero de la pistola y entre sangre y lágrimas, tomó una decisión.
No era lo previsto, pero jamás pensé que lo lograrías. Cumpliré mi palabra y cuando sepa la verdad, se lo contaré todo… no puedo dedicarte ni una palabra más, no es justo para los demás. Nunca hablo con mis esclavos.
Entró en el edificio, subió las escaleras torpemente, su destino se encontraba en la 2 planta… al llegar cayó de bruces contra una puerta, se estaba despistando. No podía permitir fallar ahora, contando los dos de abajo, tan solo le quedaban 4 para acabar. Después de 6 meses de muerte y caos. Un ruido tras la puerta sobre la que estaba apoyada llamó su atención. – En la puerta de enfrente, son 4, ten mucho cuidado… rezaré por ti. – sus pasos se alejaron y ella se incorporó del todo, su sangre había formado un pequeño charco en el felpudo.
El joven se encontraba tras la puerta, a la espera de que la zorra se encontrara en la línea de tiro… miró por la mirilla, la vio acercarse. Hizo una señal a los dos matones que se encontraban tras los muebles por si el chico fallaba. El jefe se encontraba al final del salón en la puerta de la cocina, impacientándose… amartilló el arma muy despacio y escuchó sus pasos. Abrió fuego a media altura de la puerta, que quedó totalmente agujereada. Sin munición, había demasiado humo, se puso de pie, y miro por la mirilla de nuevo.
Estaba oscuro, y antes de decir nada, ella apretó el gatillo… la bala entró por el ojo y salió por la parte de atrás llenando toda la entrada y parte del salón del conjunto cerebral del muchacho. Los matones desde el salón abrieron fuego destrozando el cuerpo sin vida del joven mientras caía al suelo. La muchacha esperaba pacientemente en la puerta de al lado hasta que los matones tuvieran que recargar… sus parpados le pesaban, apenas podía tenerse en pie, solo le quedaban 3, estaba muy cerca, muy cerca… estaba a la distancia de tres balas… se acabó la munición, besó un pequeño colgante que tenía en el cuello, y se adentró en la casa. Un disparo, el primero a la garganta, era un hombre fuerte, tardará en morir unos minutos… Segundo disparo, directo al pecho a través del sofá, seccionó partes vitales del corazón… Faltaba uno, fue al dormitorio, la ventana estaba abierta, había escapado. No se iba a rendir, no se podía rendir… pero su cuerpo ya tomó esa decisión antes de que llegara al salón. En el suelo, sin poder moverse, sin sentir dolor. Lloraba de impotencia, de desesperación… su mano agarraba el acero de la pistola y entre sangre y lágrimas, tomó una decisión.
No era lo previsto, pero jamás pensé que lo lograrías. Cumpliré mi palabra y cuando sepa la verdad, se lo contaré todo… no puedo dedicarte ni una palabra más, no es justo para los demás. Nunca hablo con mis esclavos.
domingo, 30 de mayo de 2010
11. Todo lo que se hizo y lo que no se pudo hacer
Ese es el sacrificio que hizo tu hermana, sintió emociones que cubrirían toda una vida de 10 personas. No hagas caso de todo lo que decía la prensa de ella, ya has descubierto que para muchas personas es una heroína, y esa es la parte con la que te tienes que quedar de ella. Ahora entiendes el por qué del cambio de tu nombre, el cambio de ciudad y todos los secretos. Ya lo sabes todo, eso te debería de bastar… suelta ese arma, harás que todo lo por lo que luchó no sirva de nada. No solo sacrificó su vida y su alma por la tuya, también lo hizo para que nunca tuvieras que llevar ese trasto encima y menos usarla… entiendo perfectamente cómo te sientes, no me mires así, te entiendo más de lo que tú te crees. Ese hombre era la última alma que debía entregarme, pero no lo consiguió.
Ya te lo he explicado, él no la mató… lo hizo ella misma, estaba sin fuerzas, tenía a sus espaldas 99 crímenes. Puedes decir todo lo que quieras de que no eran inocentes y que se merecían con creces lo que les pasó, pero eran personas… y te puedo asegurar que cargaba con todas y cada una de ellas. Descubrió que ella también era un alma más para salvarte, y me la entregó… así que aquí estás.
Ya no tienes nada en tu cuerpo que pueda matarte, salvo eso que tienes en la mano.
No puedo evitar lo que vayas a hacer, pero recuerda que tu hermana, ha hecho todo lo posible para que no te conviertas en una parte más de mi colección.
No me grites, fue ella la que vino a mi suplicando por tu vida, yo solo le dí la opción, como te la estoy dando ahora… ella sabía lo que pasaría y se atenía perfectamente a las consecuencias, las cuales está asumiendo con toda responsabilidad. No para de decirlo:”Es mi castigo, me lo merezco…-
No quiero saber nada mas, no me das pena en absoluto. Lo que te estoy diciendo es la cruda realidad, y por muchas o diferentes palabras que emplee no va cambiar el hecho de ninguna manera. Te digo lo mismo que le dije entonces a ella… deja de lloriquear, ahora es mía y la puedo llamar como quiera.
Volviendo a lo de antes… tu decides. Mira al futuro y al pasado. Puedes honrarla, y vivir como ella quería que vivieras, o puedes echarlo todo por tierra y terminar como ella… solo te digo una cosa, si te acabo llevando conmigo, no hará falta castigarte, pues la sola imagen de la decepción de tu hermana te dolerá más que cualquier cosa que te haga…
Disfruta de la vida, es lo único bueno que tiene ser mortal, como sabes que se va a acabar, cada momento es magnífico. Si no puedes hacerlo, hazlo por tu hermana, por la vida que ella no pudo tener, y la que te ha regalado.
Continuará…
Ya te lo he explicado, él no la mató… lo hizo ella misma, estaba sin fuerzas, tenía a sus espaldas 99 crímenes. Puedes decir todo lo que quieras de que no eran inocentes y que se merecían con creces lo que les pasó, pero eran personas… y te puedo asegurar que cargaba con todas y cada una de ellas. Descubrió que ella también era un alma más para salvarte, y me la entregó… así que aquí estás.
Ya no tienes nada en tu cuerpo que pueda matarte, salvo eso que tienes en la mano.
No puedo evitar lo que vayas a hacer, pero recuerda que tu hermana, ha hecho todo lo posible para que no te conviertas en una parte más de mi colección.
No me grites, fue ella la que vino a mi suplicando por tu vida, yo solo le dí la opción, como te la estoy dando ahora… ella sabía lo que pasaría y se atenía perfectamente a las consecuencias, las cuales está asumiendo con toda responsabilidad. No para de decirlo:”Es mi castigo, me lo merezco…-
No quiero saber nada mas, no me das pena en absoluto. Lo que te estoy diciendo es la cruda realidad, y por muchas o diferentes palabras que emplee no va cambiar el hecho de ninguna manera. Te digo lo mismo que le dije entonces a ella… deja de lloriquear, ahora es mía y la puedo llamar como quiera.
Volviendo a lo de antes… tu decides. Mira al futuro y al pasado. Puedes honrarla, y vivir como ella quería que vivieras, o puedes echarlo todo por tierra y terminar como ella… solo te digo una cosa, si te acabo llevando conmigo, no hará falta castigarte, pues la sola imagen de la decepción de tu hermana te dolerá más que cualquier cosa que te haga…
Disfruta de la vida, es lo único bueno que tiene ser mortal, como sabes que se va a acabar, cada momento es magnífico. Si no puedes hacerlo, hazlo por tu hermana, por la vida que ella no pudo tener, y la que te ha regalado.
Continuará…
lunes, 24 de mayo de 2010
10. Se recoge lo que se siembra. 2ªParte.
El campesino subió las escaleras, algo raro pasaba, las escaleras estaban llenas de tierra. Supuso que la pequeña no se había limpiado los pies… todo eso se le fue de la cabeza en cuanto entró en la habitación. Su mujer estaba en el suelo, intentaba arrastrarse mientras la sangre cubría toda la habitación. Una hoz se tambaleaba en la espalda con cada movimiento que ella conseguía en su agonía… lo último que escuchó de su esposa eran unos balbuceos que sonaban al Padre Nuestro.
Una luz llamó la atención del campesino, se asomó a la ventana, y pudo ver que casi toda la aldea estaba en llamas. Dió varios pasos atrás muy lentamente hasta que chocó con algo. Sabía lo que era antes de mirarlo, pero no le dió tiempo, pues la pequeña se encontraba en el umbral de la puerta… corrió hacia ella y la cogió en brazos mientras le tapaba los ojos. –No mires cielo-. Sin pensar en nada salió de la casa a toda prisa, y se dirigió a la iglesia, por instinto, pues nunca le había gustado ir allí en momentos de crisis o miedo.
Mientras corría, oía a la gente que se quemaba. Sus gritos de desesperación y las maldiciones a Dios le provocaban mucha angustia pero no pensaba ni por asomo en ayudar a nadie, no lo entendía. En cualquier otra situación hubiera ayudado a sacar a la gente, o estaría drenando agua…pero por alguna razón, nada le inspiraba a ayudar a nadie.
La iglesia era lo que más ardía, sus llamas brillaban con mucho esplendor… no le dió ningún apuro al pensar que se alegraba, ya que había perdido muchas horas de su vida ahí sentado, escuchando tonterías y viendo como condenaban a seres humanos. En el centro de la plaza se encontraba uno de los teólogos, famoso en la aldea por pensar más en la ciencia que en la religión. A su lado había algunas personas y bastantes niños… todos los rostros eran conocidos. Caminó hacia ellos con la pequeña aun en brazos. De cerca pudo ver que ninguno de los supervivientes (por llamarlos de alguna manera) estaba herido, o al menos sucio, pues ni siquiera él se mancho los pies de sangre…
Estaba amaneciendo, la pequeña, se incorporó en los brazos de su padre, miró arriba, respiró profundamente y dijo: - es olor a justicia-. Todos la miraron, su padre abrió la boca pero el teólogo le interrumpió: - su hija tiene razón. Es la verdadera voluntad de Dios.- todos se miraron extrañados y éste al ver sus caras, siguió hablando: -no hace falta creer en él para ser buenas personas. No miraremos lo que hemos perdido. De las cenizas crearemos un mundo mejor…-
El campesino pensó en su mujer. Sonreía… lo único verdaderamente que lamento en su vida fue no haber hecho ese espantapájaros antes.
-Lo llamare Jobac, y le regalaré mis zapatos…-
The End.
Una luz llamó la atención del campesino, se asomó a la ventana, y pudo ver que casi toda la aldea estaba en llamas. Dió varios pasos atrás muy lentamente hasta que chocó con algo. Sabía lo que era antes de mirarlo, pero no le dió tiempo, pues la pequeña se encontraba en el umbral de la puerta… corrió hacia ella y la cogió en brazos mientras le tapaba los ojos. –No mires cielo-. Sin pensar en nada salió de la casa a toda prisa, y se dirigió a la iglesia, por instinto, pues nunca le había gustado ir allí en momentos de crisis o miedo.
Mientras corría, oía a la gente que se quemaba. Sus gritos de desesperación y las maldiciones a Dios le provocaban mucha angustia pero no pensaba ni por asomo en ayudar a nadie, no lo entendía. En cualquier otra situación hubiera ayudado a sacar a la gente, o estaría drenando agua…pero por alguna razón, nada le inspiraba a ayudar a nadie.
La iglesia era lo que más ardía, sus llamas brillaban con mucho esplendor… no le dió ningún apuro al pensar que se alegraba, ya que había perdido muchas horas de su vida ahí sentado, escuchando tonterías y viendo como condenaban a seres humanos. En el centro de la plaza se encontraba uno de los teólogos, famoso en la aldea por pensar más en la ciencia que en la religión. A su lado había algunas personas y bastantes niños… todos los rostros eran conocidos. Caminó hacia ellos con la pequeña aun en brazos. De cerca pudo ver que ninguno de los supervivientes (por llamarlos de alguna manera) estaba herido, o al menos sucio, pues ni siquiera él se mancho los pies de sangre…
Estaba amaneciendo, la pequeña, se incorporó en los brazos de su padre, miró arriba, respiró profundamente y dijo: - es olor a justicia-. Todos la miraron, su padre abrió la boca pero el teólogo le interrumpió: - su hija tiene razón. Es la verdadera voluntad de Dios.- todos se miraron extrañados y éste al ver sus caras, siguió hablando: -no hace falta creer en él para ser buenas personas. No miraremos lo que hemos perdido. De las cenizas crearemos un mundo mejor…-
El campesino pensó en su mujer. Sonreía… lo único verdaderamente que lamento en su vida fue no haber hecho ese espantapájaros antes.
-Lo llamare Jobac, y le regalaré mis zapatos…-
The End.
domingo, 25 de abril de 2010
9.Se recoge lo que se siembra
-¡Arderéis en el infierno! ¡Todos!- gritaba la mujer con odio mientras ardía en la hoguera. Las otras mujeres que también se consumían por las llamas gritaban de dolor, de desesperación… una rezaba, otra repetía el nombre de su hijo…
La multitud gritaba con júbilo, como si de un circo romano se tratase, maldecía a las personas que se quemaban, y clamaban a Dios que se había hecho justicia.
Mientras, al otro lado del pueblo, un hombre terminaba un espantapájaros, pues de ninguna manera creía que aquel humo negro que se alzaba hacia el cielo iba a arreglar su problema con la cosecha. El espantapájaros llevaba ropa y efectos personales de las personas que habían sido quemadas o colgadas por brujería. Aquello lo hacía obligado por su mujer, una devota creyente influenciada por un fanático reverendo. Cuando terminó, lo clavó en una cruz, la puso en el centro de la cosecha. Cuando se alejó un poco se fijó con detalle en la figura colgada en la cruz. El saco que sustituía la cabeza tenía el contorno de un rostro, los guantes no parecían huecos, eran como si tuvieran manos dentro, y el relleno de paja simulando el torso y las extremidades señalaban las curvas y los músculos de una persona. Un escalofrío recorrió al campesino de los pies a la cabeza mientras lo miraba, y no podía apartar la mirada. Llevaba un buen rato ahí parado mirándolo cuando oyó algo en el bosque que le hizo girar la cabeza. El ruido lo hacían centenares de aves volando al mismo tiempo alejándose de la zona. No se alegró del todo, al ver tantos pájaros huyendo, por decir lo evidente, su miedo se hizo un poco más fuerte.
Salió del cultivo, y se dirigió hacia la casa. En la entrada de la casa se encontró con Billy, su perro guardián, estaba acurrucado y sollozaba con sus patas tapándose el hocico. Lo acarició e intentó calmarlo, pero no sirvió de mucho. El animal estaba realmente estremecido, y el bosque estaba totalmente en silencio.
Llegó la noche, al fuego estaba sentada la pequeña jugando con unos trapos que mañosamente su padre había convertido en varias muñecas.
-La cena está lista- dijo la esposa desde la cocina. El campesino cogió a la pequeña en brazos le dio varios besos y la llevo a la cocina. La cena estaba puesta ya en la mesa, y antes de sentarse a ella, bendijeron la comida que iban a tomar. Durante el rezo, el hombre pensó en el espantapájaros, en no ponerle nombre, así seguía siendo un instrumento más de la agricultura. Después de la cena, la mujer acostó a la niña, y se fue al dormitorio con su marido. Antes de dormir, la mujer comentó que le podría pasar al perro, y él le respondió que puede ser de la nube negra de las hogueras y su olor a muerte. La mujer de mala gana se acostó y dijo entre dientes:
-Es el olor a justicia, la voluntad de Dios-.
Se despertó sobresaltado. Miró por la ventana y vio que aun era de noche. Se asomó a ella, tenía una vista preciosa de su cultivo… algo fallaba. El espantapájaros, no estaba, la cruz clavada en el suelo brillaba a la luz de la Luna.
No sabía que pensar pero fue hacía abajo, abrió la puerta, cogió el hacha instintivamente y se dirigió hacia el huerto. Allí estaba, colgado de la misma manera que lo dejó esa mañana. ¿Una ilusión, estaba soñando?… no sabía que pensar. Se acercó a él y pisó algo en el suelo, cuando se agachó y cogió lo que había pisado, era unos de sus zapatos, los que se ponía para ir los domingos a la Iglesia. Buscó en el suelo y allí estaba el otro. No sabía que era peor, pensar en cómo habían llegado allí o en la bronca que tendría con su mujer por llenar de barro los zapatos. Se dirigió a la casa, mirando hacia atrás continuamente. Se detuvo de repente, en la entrada estaba la pequeña, le miraba fijamente, bajó la vista hasta los zapatos, su padre recorrió la mirada de la niña.
-Se las puse ahí para que no entrara en casa, no es malo. Pero me da mucho miedo.-
dijo la niña. Se dio la vuelta y subió a su habitación. El hombre entró en la casa y limpió los zapatos, cuando los soltó en el suelo se dio cuenta de que estaba temblando...
CONTINUARÁ…
La multitud gritaba con júbilo, como si de un circo romano se tratase, maldecía a las personas que se quemaban, y clamaban a Dios que se había hecho justicia.
Mientras, al otro lado del pueblo, un hombre terminaba un espantapájaros, pues de ninguna manera creía que aquel humo negro que se alzaba hacia el cielo iba a arreglar su problema con la cosecha. El espantapájaros llevaba ropa y efectos personales de las personas que habían sido quemadas o colgadas por brujería. Aquello lo hacía obligado por su mujer, una devota creyente influenciada por un fanático reverendo. Cuando terminó, lo clavó en una cruz, la puso en el centro de la cosecha. Cuando se alejó un poco se fijó con detalle en la figura colgada en la cruz. El saco que sustituía la cabeza tenía el contorno de un rostro, los guantes no parecían huecos, eran como si tuvieran manos dentro, y el relleno de paja simulando el torso y las extremidades señalaban las curvas y los músculos de una persona. Un escalofrío recorrió al campesino de los pies a la cabeza mientras lo miraba, y no podía apartar la mirada. Llevaba un buen rato ahí parado mirándolo cuando oyó algo en el bosque que le hizo girar la cabeza. El ruido lo hacían centenares de aves volando al mismo tiempo alejándose de la zona. No se alegró del todo, al ver tantos pájaros huyendo, por decir lo evidente, su miedo se hizo un poco más fuerte.
Salió del cultivo, y se dirigió hacia la casa. En la entrada de la casa se encontró con Billy, su perro guardián, estaba acurrucado y sollozaba con sus patas tapándose el hocico. Lo acarició e intentó calmarlo, pero no sirvió de mucho. El animal estaba realmente estremecido, y el bosque estaba totalmente en silencio.
Llegó la noche, al fuego estaba sentada la pequeña jugando con unos trapos que mañosamente su padre había convertido en varias muñecas.
-La cena está lista- dijo la esposa desde la cocina. El campesino cogió a la pequeña en brazos le dio varios besos y la llevo a la cocina. La cena estaba puesta ya en la mesa, y antes de sentarse a ella, bendijeron la comida que iban a tomar. Durante el rezo, el hombre pensó en el espantapájaros, en no ponerle nombre, así seguía siendo un instrumento más de la agricultura. Después de la cena, la mujer acostó a la niña, y se fue al dormitorio con su marido. Antes de dormir, la mujer comentó que le podría pasar al perro, y él le respondió que puede ser de la nube negra de las hogueras y su olor a muerte. La mujer de mala gana se acostó y dijo entre dientes:
-Es el olor a justicia, la voluntad de Dios-.
Se despertó sobresaltado. Miró por la ventana y vio que aun era de noche. Se asomó a ella, tenía una vista preciosa de su cultivo… algo fallaba. El espantapájaros, no estaba, la cruz clavada en el suelo brillaba a la luz de la Luna.
No sabía que pensar pero fue hacía abajo, abrió la puerta, cogió el hacha instintivamente y se dirigió hacia el huerto. Allí estaba, colgado de la misma manera que lo dejó esa mañana. ¿Una ilusión, estaba soñando?… no sabía que pensar. Se acercó a él y pisó algo en el suelo, cuando se agachó y cogió lo que había pisado, era unos de sus zapatos, los que se ponía para ir los domingos a la Iglesia. Buscó en el suelo y allí estaba el otro. No sabía que era peor, pensar en cómo habían llegado allí o en la bronca que tendría con su mujer por llenar de barro los zapatos. Se dirigió a la casa, mirando hacia atrás continuamente. Se detuvo de repente, en la entrada estaba la pequeña, le miraba fijamente, bajó la vista hasta los zapatos, su padre recorrió la mirada de la niña.
-Se las puse ahí para que no entrara en casa, no es malo. Pero me da mucho miedo.-
dijo la niña. Se dio la vuelta y subió a su habitación. El hombre entró en la casa y limpió los zapatos, cuando los soltó en el suelo se dio cuenta de que estaba temblando...
CONTINUARÁ…
sábado, 24 de abril de 2010
6.Todo o nada
El Sol comenzaba a ocultarse, las palomas picoteaban el pan despedazado del suelo, y los niños se divertían en los toboganes. Había sido un día perfecto para estar en el parque.
El mendigo, en un banco, observaba todo con interés, siempre le había gustado observar… ahora su vida era observar y escribir. No era muy mayor, pero dio su vida por pérdida cuando se licenció del ejército a los 45. Había perdido el rumbo, iba de un lado para otro sin mirar atrás, se convirtió en un nómada… un nómada con una pensión de 650 euros…
Se puso a escribir, le encantaba escribir, ésta vez contaba la historia de un hombre atrapado entre mafias, drogas y prostitución. Algo le hizo parar, delante suya tenía a una niña pequeña que lo miraba con curiosidad e inocencia, tenía el pelito corto, una piel clara, y unos ojos marrones muy oscuros. No debía de tener más de 6 ó 7 años… la pequeña comía un dulce de chocolate de una bolsa que tenía en la otra mano. Él no quiso decir nada por miedo a que la pequeña se asustara. Ella, sin decir palabra, se le acercó, extendió la mano con mucha decisión, y le dio la bolsa de los dulces… Él los cogió sin dudar, hacía tiempo que no comía algo así, y le dio las gracias con un gesto de asentimiento con la cabeza. El nómada levantó la mirada al ver como se iba la pequeña corriendo, si dirigió hacia una mujer. La mujer no tenía nada fuera de lo normal, excepto un tatuaje en el hombro izquierdo que le resultaba muy familiar… la niña al alcanzar a su madre le dio un fuerte abrazo seguido de un beso. La mujer con una amplia sonrisa en los labios observó con detenimiento al nómada, tenía una melena negra rizada que le caía por los hombros algo descuidada, una barba de varios días que dejaba ver su rostro sereno, pero a la vez una mirada triste de ojos marrones. Iba vestido con ropas raídas por el paso del tiempo y en el suelo descansaba un antiguo petate de la Armada Española. Ella se acercó con su hija en brazos, y él se puso de pie al instante… se miraron fijamente durante un tiempo… la mujer puso a su hija en el suelo que se quedó a su lado agarrada de las faldas de la madre, se acercó al hombre y le levantó la manga del brazo derecho, descubriendo un tatuaje que también le resulto muy familiar…
-Todavía me debes uno- dijo el nómada.
-¿Para eso has venido?- le respondió ella.
-Ya sabes que no, pero siempre cumplo lo que digo- dijo él sonriendo.
Ella se dio la vuelta sonriendo también, cogió a su hija de la mano y le dijo:
-Cuando quieras…- le miró por última vez y se marchó lentamente.
-Me alegro que estéis bien, ha crecido mucho…- dijo el nómada levantando un poco la voz.
- Yo también me alegro de verte.-respondió ella, hizo una pausa, y miró a su hija. –No para de crecer, y tiene mucho carácter. Ha salido a su padre.-
- Menos mal que la belleza lo ha heredado de la madre.- concluyó el nómada…
La mujer le dijo algo al oído de la pequeña, la puso en el suelo, y fue corriendo hacia el hombre. Él se puso de rodillas, y la niña y la niña le dio un beso: -Adiós papá- le dijo la voz más dulce que podía escuchar. El nómada no pudo evitar derramar una lágrima cuando madre e hija se estaban alejando.
-Adiós cielo mío, os quiero muchísimo- dijo para él…
Allí se quedó, sentado en el banco del parque, viendo como acababa el día… recordando tiempos mejores… y peores.
The End
El mendigo, en un banco, observaba todo con interés, siempre le había gustado observar… ahora su vida era observar y escribir. No era muy mayor, pero dio su vida por pérdida cuando se licenció del ejército a los 45. Había perdido el rumbo, iba de un lado para otro sin mirar atrás, se convirtió en un nómada… un nómada con una pensión de 650 euros…
Se puso a escribir, le encantaba escribir, ésta vez contaba la historia de un hombre atrapado entre mafias, drogas y prostitución. Algo le hizo parar, delante suya tenía a una niña pequeña que lo miraba con curiosidad e inocencia, tenía el pelito corto, una piel clara, y unos ojos marrones muy oscuros. No debía de tener más de 6 ó 7 años… la pequeña comía un dulce de chocolate de una bolsa que tenía en la otra mano. Él no quiso decir nada por miedo a que la pequeña se asustara. Ella, sin decir palabra, se le acercó, extendió la mano con mucha decisión, y le dio la bolsa de los dulces… Él los cogió sin dudar, hacía tiempo que no comía algo así, y le dio las gracias con un gesto de asentimiento con la cabeza. El nómada levantó la mirada al ver como se iba la pequeña corriendo, si dirigió hacia una mujer. La mujer no tenía nada fuera de lo normal, excepto un tatuaje en el hombro izquierdo que le resultaba muy familiar… la niña al alcanzar a su madre le dio un fuerte abrazo seguido de un beso. La mujer con una amplia sonrisa en los labios observó con detenimiento al nómada, tenía una melena negra rizada que le caía por los hombros algo descuidada, una barba de varios días que dejaba ver su rostro sereno, pero a la vez una mirada triste de ojos marrones. Iba vestido con ropas raídas por el paso del tiempo y en el suelo descansaba un antiguo petate de la Armada Española. Ella se acercó con su hija en brazos, y él se puso de pie al instante… se miraron fijamente durante un tiempo… la mujer puso a su hija en el suelo que se quedó a su lado agarrada de las faldas de la madre, se acercó al hombre y le levantó la manga del brazo derecho, descubriendo un tatuaje que también le resulto muy familiar…
-Todavía me debes uno- dijo el nómada.
-¿Para eso has venido?- le respondió ella.
-Ya sabes que no, pero siempre cumplo lo que digo- dijo él sonriendo.
Ella se dio la vuelta sonriendo también, cogió a su hija de la mano y le dijo:
-Cuando quieras…- le miró por última vez y se marchó lentamente.
-Me alegro que estéis bien, ha crecido mucho…- dijo el nómada levantando un poco la voz.
- Yo también me alegro de verte.-respondió ella, hizo una pausa, y miró a su hija. –No para de crecer, y tiene mucho carácter. Ha salido a su padre.-
- Menos mal que la belleza lo ha heredado de la madre.- concluyó el nómada…
La mujer le dijo algo al oído de la pequeña, la puso en el suelo, y fue corriendo hacia el hombre. Él se puso de rodillas, y la niña y la niña le dio un beso: -Adiós papá- le dijo la voz más dulce que podía escuchar. El nómada no pudo evitar derramar una lágrima cuando madre e hija se estaban alejando.
-Adiós cielo mío, os quiero muchísimo- dijo para él…
Allí se quedó, sentado en el banco del parque, viendo como acababa el día… recordando tiempos mejores… y peores.
The End
5.Fuego y Acero
-¡Otra copa para el invencible!- dijo arrogantemente. Presumía de no haber sangrado nunca, de no ser derrotado en ningún duelo, de su poderosa espada y su maestría con ella. El tabernero le sirvió con un ademán de disgusto y cogió el dinero de mala gana. Ya había bebido bastante. Se levantó y salió de la taberna dando tumbos. Recordaba al último iluso que creyó poder derrotarle y la satisfacción con la que hundió su acero en el pecho. Quiso salvar el honor de su esposa, y lo que hizo fue morir delante de ella y de su hija jajaja… Incontables duelos como éste quedaban atrás. Llegó a una solitaria calle poco iluminada por algunos farolillos. Allí se quedó parado… desenvainó su espada, la levantó y agitó en el aire…comenzó a gritar como un loco: -¡Satanás, príncipe de las sombras!¡atrévete a derrotarme!-
Gritaba de tal manera que le dolían sus propios oídos… al ver que no sucedía nada, comenzó a insultarlo…
-¡Maldito gallina! ¿Y tú eres el Rey de las Tinieblas?- seguía gritando, mientras reía a carcajadas…
De repente vio una figura que se acercaba hacia él rápidamente. Caminaba entre las sombras, así que no pudo verle la cara… lo que sí pudo ver por un destello era una espada que iba hacia su corazón. Con un ágil movimiento esquivó la estocada, y comenzó la pelea
-Empezaba a pensar que no vendrías, jajajaja- dijo mofándose.
El contrincante del guerrero no se defendía mal, paraba los ataques precisos del guerrero, y atacaba a puntos vitales. Pero cometía fallos de principiante, no daba los pasos adecuados… no era rival para él. Con unos rápidos movimientos consiguió desarmarlo y arrinconarlo en una pared. Detuvo su espada a la altura del pecho y dijo con voz serena:
-Quiero verte la cara, quiero ver los ojos del Diablo.- su adversario se puso muy despacio donde la luz era más fuerte… estaba preparado para ver cualquier cosa… pero no para lo que vio… Para su sorpresa, el supuesto Diablo era una joven de cabellos rubios, con unos ojos claros preciosos… pareció encogerse de momento, y so rostro refleja una profunda tristeza… el guerrero bajó su arma lentamente, y se preguntaba de que le sonaba el bello rostro que tenía delante…
En ese mismo momento de distracción, la joven sacó una daga que ocultaba en la manga y se la clavó en la garganta… con un movimiento casi inconsciente el hombre pudo parar la mano de la chica, pero la punta de la daga estaba dentro de la tiroides del guerrero, y este comenzó a sangrar como un cerdo. La chica empujaba con fuerza gritando con desesperación, pero el guerrero no se daba por vencido a pesar de notar la hoja en la garganta… la chica, al ver que no podía empujar mas, y que el guerrero empezaba a zafarse, concentró todas las fuerzas y giró la muñeca hacia la derecha, desgarrando la herida, haciéndole sangrar más y con mucha fuerza… con un grito ahogado el hombre cayó al suelo, no podía respirar… el guerrero se dio la vuelta en el suelo y empezó a gatear a duras penas… un fuerte dolor punzante en la espalda le dejo paralizado todos los músculos, y otro más, y otro…
La chica seguía apuñalándole, su bello rostro, ahora cubierta por la sangre del guerrero, reflejaba toda la ira que podía sentir un ser humano…
El guerrero estaba exhausto, ya no sentía nada.
-Derrotado… humillado, por una niña.- dijo para sí mismo. Todo estaba negro.
TANTAS GANAS TENÍAS DE CONOCERME… ¿Quién eres? ¿Dónde estoy?
NI SIQUIERA ME HA HECHO FALTA UNA ESPADA PARA DERROTARTE…
No puede ser, no…
ME ENCANTA VENCER CON LAS ARMAS DE MI ENEMIGO JA JA JA JA
UN INVENCIBLE GUERRERO DERROTADO POR LA COMPASIÓN JA JA JA JA
La joven se levantó, toda ella estaba cubierta de sangre, notaba su hedor y su sabor… el guerrero ya no respiraba, lo había conseguido… Había mancillado el honor de su madre y matado cruelmente a su padre… se había hecho justicia.
Recordó que siempre se aburría en las clases de esgrima, sonreía…
Mientras regresaba a casa, le rondaba una cosa por la cabeza, no sufrió lo bastante, murió demasiado pronto.
NO TE PREOCUPES PRINCESA… YO ME ENCARGO DE DARLE LO QUE SE MERECE Y MÁS, MUCHO MÁS.
Gritaba de tal manera que le dolían sus propios oídos… al ver que no sucedía nada, comenzó a insultarlo…
-¡Maldito gallina! ¿Y tú eres el Rey de las Tinieblas?- seguía gritando, mientras reía a carcajadas…
De repente vio una figura que se acercaba hacia él rápidamente. Caminaba entre las sombras, así que no pudo verle la cara… lo que sí pudo ver por un destello era una espada que iba hacia su corazón. Con un ágil movimiento esquivó la estocada, y comenzó la pelea
-Empezaba a pensar que no vendrías, jajajaja- dijo mofándose.
El contrincante del guerrero no se defendía mal, paraba los ataques precisos del guerrero, y atacaba a puntos vitales. Pero cometía fallos de principiante, no daba los pasos adecuados… no era rival para él. Con unos rápidos movimientos consiguió desarmarlo y arrinconarlo en una pared. Detuvo su espada a la altura del pecho y dijo con voz serena:
-Quiero verte la cara, quiero ver los ojos del Diablo.- su adversario se puso muy despacio donde la luz era más fuerte… estaba preparado para ver cualquier cosa… pero no para lo que vio… Para su sorpresa, el supuesto Diablo era una joven de cabellos rubios, con unos ojos claros preciosos… pareció encogerse de momento, y so rostro refleja una profunda tristeza… el guerrero bajó su arma lentamente, y se preguntaba de que le sonaba el bello rostro que tenía delante…
En ese mismo momento de distracción, la joven sacó una daga que ocultaba en la manga y se la clavó en la garganta… con un movimiento casi inconsciente el hombre pudo parar la mano de la chica, pero la punta de la daga estaba dentro de la tiroides del guerrero, y este comenzó a sangrar como un cerdo. La chica empujaba con fuerza gritando con desesperación, pero el guerrero no se daba por vencido a pesar de notar la hoja en la garganta… la chica, al ver que no podía empujar mas, y que el guerrero empezaba a zafarse, concentró todas las fuerzas y giró la muñeca hacia la derecha, desgarrando la herida, haciéndole sangrar más y con mucha fuerza… con un grito ahogado el hombre cayó al suelo, no podía respirar… el guerrero se dio la vuelta en el suelo y empezó a gatear a duras penas… un fuerte dolor punzante en la espalda le dejo paralizado todos los músculos, y otro más, y otro…
La chica seguía apuñalándole, su bello rostro, ahora cubierta por la sangre del guerrero, reflejaba toda la ira que podía sentir un ser humano…
El guerrero estaba exhausto, ya no sentía nada.
-Derrotado… humillado, por una niña.- dijo para sí mismo. Todo estaba negro.
TANTAS GANAS TENÍAS DE CONOCERME… ¿Quién eres? ¿Dónde estoy?
NI SIQUIERA ME HA HECHO FALTA UNA ESPADA PARA DERROTARTE…
No puede ser, no…
ME ENCANTA VENCER CON LAS ARMAS DE MI ENEMIGO JA JA JA JA
UN INVENCIBLE GUERRERO DERROTADO POR LA COMPASIÓN JA JA JA JA
La joven se levantó, toda ella estaba cubierta de sangre, notaba su hedor y su sabor… el guerrero ya no respiraba, lo había conseguido… Había mancillado el honor de su madre y matado cruelmente a su padre… se había hecho justicia.
Recordó que siempre se aburría en las clases de esgrima, sonreía…
Mientras regresaba a casa, le rondaba una cosa por la cabeza, no sufrió lo bastante, murió demasiado pronto.
NO TE PREOCUPES PRINCESA… YO ME ENCARGO DE DARLE LO QUE SE MERECE Y MÁS, MUCHO MÁS.
4.Incondicional
El Sol no podía estar más alto, había sido uno de los Agostos más calurosos de los últimos 5 años, y ella comenzó a comprobarlo. El petate en el suelo, parecía que se iba a derretir. El trayecto desde el taxi hasta donde se encontraba le había parecido una penitencia... Recordando esto, le vino a la cabeza un pequeño detalle que pasó por alto ¿por qué no vino a recogerla? ¿Por qué estaba sola esperando? Se supone que ella no tenía que esperar. Ella es la que había estado fuera 6 meses largos, trabajando, defendiendo las costas...Le recorrió un sudor frío al recordar los días, las horas, los minutos... todo el tiempo que estuvo fuera, allí, al otro lado del mundo...Aún no había llegado a casa, su casa estaba lejos, pero lo más importante estaba aquí. Lo que más amaba, lo único que tenía...Llevaba 3 años de relación, problemática relación. Nunca fue aceptada, solo daba problemas, no le daba todo el amor que ella pedía, no le prestaba atención, no tenía detalles... Pero ella estaba enamorada, convencida de que podía seguir adelante, de que su esfuerzo, sólo su esfuerzo, merecería la pena y conseguiría que la viera como debe ser... como siempre ha querido...Entonces apareció en la acera de enfrente, su pelo ondeaba con el viento, vestía de forma natural, como siempre. Todo le quedaba bien...
No corría, iba a paso lento. Cruzaba la calle como si el suelo quemara.
No pudo aguantar más, abandonó el petate, estaba dispuesta a perdonarle todo, las noches en vela esperando a que la llamara, todo lo que ha pasado de ella, no haber estado ahí siempre... todo, todo...
Nada importaba ya, corrió como si el mismísimo diablo la persiguiera. Ambas se sumieron en un profundo abrazo, sus cuerpos no se separaban en ningún punto, sus largas melenas se fusionaron formando una sola...
Las dos se quedaron así un largo rato... "Te quiero" dijo entre lágrimas... Con serenidad su pareja respondió: "Lo sé"....
The End
Dedicado a todas las personas que creen, que querer es poder.
Elfo Nuestra Maldición, Recuerda la Apuesta
No corría, iba a paso lento. Cruzaba la calle como si el suelo quemara.
No pudo aguantar más, abandonó el petate, estaba dispuesta a perdonarle todo, las noches en vela esperando a que la llamara, todo lo que ha pasado de ella, no haber estado ahí siempre... todo, todo...
Nada importaba ya, corrió como si el mismísimo diablo la persiguiera. Ambas se sumieron en un profundo abrazo, sus cuerpos no se separaban en ningún punto, sus largas melenas se fusionaron formando una sola...
Las dos se quedaron así un largo rato... "Te quiero" dijo entre lágrimas... Con serenidad su pareja respondió: "Lo sé"....
The End
Dedicado a todas las personas que creen, que querer es poder.
Elfo Nuestra Maldición, Recuerda la Apuesta
3.Supremo
El hombre se encontraba tirado en el suelo, no se podía mover, estaba clavado, literalmente, en el suelo, el dolor ya no se sentía, su cuerpo era dolor. Sus manos podían sentir el hierro que las atravesaba y en sus pies solo notaba el hormigueo que padece uno cuando se le duermen... pero lo que si notaba y olía, era la sangre, estaba empapado, un baño caliente, podía sentirla en la boca, la degustaba... no hubo piedad... Recordaba tiempos mejores, antes de que ocurriera el fatídico accidente, accidente que provocó, la persona a la que mas amó y que se llevó a la otra persona que mas amó... nunca la culpó, pero ella a él si, por no culparle a ella...Ella medio desnuda, medio mutilada, estaba agonizando, pero parecía que disfrutaba, si el dolor de él, podía hacer que ella disfrutase, estaba dispuesto a pagarlo, a soportarlo. Cuando ella terminó con su cuerpo, se fue a por él, no sabe cuántas veces lo clavó, ni donde exactamente, no lo notaba...no lo sentía. Solo oía, oía los gritos de desesperación por no poder acabar con su vida, y por conducirle y permitirle hacer lo que estaba haciendo... Se detuvo, pero no acabó ahí. El hombre noto una fuerza, los clavos de sus manos volaron por los aires, y sus manos fueron al cuello, a su frágil cuello. No necesito mucho tiempo, apretó con la fuerza de 50 hombres, apretó como si su vida dependiera de ello, lo consiguió, ella lo consiguió... consiguió la muerte que tanto tiempo anhelaba...
El hombre solo tuvo fuerza para ver morir a su mujer, y eso que ni siquiera la tuvo para ver morir a su hijo...
"Anticristo no es una persona, habita en la naturaleza humana y le llamamos cuando nuestro mundo no tiene salvación" - Lars Von Trier
No se lo dedico a nadie VMG
El hombre solo tuvo fuerza para ver morir a su mujer, y eso que ni siquiera la tuvo para ver morir a su hijo...
"Anticristo no es una persona, habita en la naturaleza humana y le llamamos cuando nuestro mundo no tiene salvación" - Lars Von Trier
No se lo dedico a nadie VMG
2. Un futuro indiferente
El hombre se acerco a la ventana, ahora se encontraba encima de la antigua ciudad más grande del planeta, ahora echa cenizas. A su lado se encontraba su sirviente, un enano hermafrodita con una bandeja de plata llena de neuroína, la antigua droga conocida como "coca". Quién se iba a imaginar q estar enganchado a esa mierda fuera la causa de su invulnerabilidad al virus... Pensativo baja la mirada hacia su engendro, y le dice que se la deje en su dormitorio. Al oír las palabras, el pequeño se dirigió a su destino, el hombre no apartó su mirada hasta que se perdió de vista por la cubierta de la nave. El hombre abrió la escotilla y salió a la cubierta exterior, el aire era espeso, el mundo cambiaba de color, era más real verlo sin cristales por medio, todo olía a muerte, a suplica, no esperaba encontrar a nadie. Solo iba de un lado para otro, siempre le gusto viajar, y ahora no hace otra cosa.
No quedaba casi nada en pie, los últimos ataques fueron verdaderamente devastadores, cuando agotaron los recursos naturales, se fueron, para no volver, y si volvieran, solo se encontraría con un anciano y su engendro, ambos adictos, ambos inmunes, serian conejillos de indias, como ellos lo fueron al principio. Nunca se debió encontrar esa estúpida cápsula, piensa... Ahora no sirve lamentarse.
Algo se movió abajo, no pensara en absoluto bajar, por muy mal que estén las cosas, siempre se pueden poner peor...
The End
Dedicado a mi colega Elfo Oscuro, el gran inspirador, y gran ayuda en los momentos malos... no te hagas ilusiones por esto, no creas que vamos a compartir saliva JAJAJA
No quedaba casi nada en pie, los últimos ataques fueron verdaderamente devastadores, cuando agotaron los recursos naturales, se fueron, para no volver, y si volvieran, solo se encontraría con un anciano y su engendro, ambos adictos, ambos inmunes, serian conejillos de indias, como ellos lo fueron al principio. Nunca se debió encontrar esa estúpida cápsula, piensa... Ahora no sirve lamentarse.
Algo se movió abajo, no pensara en absoluto bajar, por muy mal que estén las cosas, siempre se pueden poner peor...
The End
Dedicado a mi colega Elfo Oscuro, el gran inspirador, y gran ayuda en los momentos malos... no te hagas ilusiones por esto, no creas que vamos a compartir saliva JAJAJA
1.Flor de Tieniebla
No se ve nada, no estoy despierto, no veo la estela de mis pupilas... puede ser un sueño, pero es incomodo, muy incomodo... una luz, joder una luz, se hace grande, es como si me acercara, estoy muerto, ese es el famoso túnel...dios ese es, el túnel. Vaya cagada... un momento, dolor, siento dolor. El dolor es un amigo, te dice que estás vivo. No es dolor físico, es interior, va por dentro, es liquido, va fluyendo, no tiene forma, la luz es cegadora, oigo una flor, una flor conocida, me dice que me levante, me dice que no me asuste, que vaya despacio, le doy las gracias me ha salvado del túnel. Le digo que todo debe terminar, y, no? no es mi flor, me dice que vaya despacio y que mi flor no está aquí... el dolor es mayor, como mi vida, ahora es mayor, no volveré a tropezar, no me volveré a caer, vuelvo al cielo, el aire sobre la piel... la vida en un instante. He pasado mucho miedo, pero lo he aceptado, me ha hecho más fuerte, me ha dado energía, sigo vivo, y más vivo que nunca.
Uno no está vencido cuando lo derrota el enemigo, sino cuando admite la derrota...
The End
Para todos mis amigos/as conocidos/as que m aguantan y hacen que mi vida vaya cada dia a más.
Un beso y un abrazo para todos
Uno no está vencido cuando lo derrota el enemigo, sino cuando admite la derrota...
The End
Para todos mis amigos/as conocidos/as que m aguantan y hacen que mi vida vaya cada dia a más.
Un beso y un abrazo para todos
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