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Darle la vuelta a la tortilla

Darle la vuelta a la tortilla

lunes, 20 de diciembre de 2010

18.El último aliento de la muerte

Estaba en la azotea, sola. Justo en el mismo lugar donde consumó su amor por primera vez con el hombre que quería, al menos ella lo seguía queriendo, aunque últimamente cuando pensaba en él, no dejaba de mirar el cuchillo que sostenía con firmeza en su mano. No solo la había dejado, la había humillado, la había destrozado sin ninguna piedad, sin ningún remordimiento. Nunca la había querido, solo su cuerpo, su bonito pero a la vez maldito cuerpo… ahora nada importaba, pronto su cuerpo estaría a la merced de los gusanos. Sonrió mientras pensaba en el interior de la caja de pino, en el ridículo traje que la pondrían, el pelo, el maquillaje… sonrió con mas alarde mientras acercaba el cuchillo a su muñeca… el tacto áspero del cuchillo debido al paso del tiempo, el aire suave y ligero a diez pisos de altura, el tierno sabor de su último helado de chocolate… da igual lo que haya más allá. Será sin duda mejor que esto. La firmeza de su mano se estrechó convirtiéndose en fuerza y el acero lanzó un pequeño reflejo antes de aproximarse a la carne…
-Te veo totalmente segura.- una voz que resonaba en su interior pero que influía en el viento, como si viniera de atrás. No se atrevió a mirar. El cuchillo se detuvo a un milímetro escaso de su piel. -No debemos hacer esto, pero no puedo dejar que lo hagas.- continuo la voz con frialdad. La joven bajó un poco la mirada y pudo ver que no había ninguna sombra detrás de ella, pero estaba completamente segura de que había alguien. –Suena mucho a tópico, pero yo te lo puedo asegurar. No merece la pena.- siguió hablando.-Veo como se mueve tu cuerpo con la respiración. Con ese simple gesto ya te envidio… si, créetelo. No sé cuánto tiempo hace, pero desde que dejo de latir mi corazón. Ya me arrepentí.- hizo una pausa y la joven relajó un poco su cuerpo, pero no movió en ningún momento el cuchillo. -Te he visto saboreando el helado, como tus labios se encogían por el frio, como se cerraban tus ojos por el placer que te hace sentir, y la autentica satisfacción de dejar sobre la mesa el plato totalmente vacío. Todos los detalles importan, todas las circunstancias influyen, pero lo que verdaderamente no sabes, es que eso se acaba.- iba a abrir la boca, pero la voz la interrumpió. -Sí, es cierto, lo malo se acaba. Pero que harás con lo bueno… lo bueno no se acaba, lo pierdes. No te hablo de que cambie de sitio, no lo vuelves a ver, no lo vuelves a sentir… la sed. Ya no me acuerdo de lo que era esa sensación, pero sí recuerdo como un buen trago de agua descendiendo por mi garganta la calmaba, y no te puedes imaginar todo lo que echo de menos la verdadera satisfacción. El cansancio con el que llegaba a casa después del trabajo, y la re confortación de cada parte de mi cuerpo cuando me tumbaba sobre la mullida cama… todo igual con el hambre, la diversión, las mujeres, el placer, incluso el dolor, que se vuelve satisfactorio cuando dejas de sentirlo… todo forma parte de un cumulo de cosas que se mezclan que están ahí, y que no nos damos cuenta de que lo tenemos hasta que lo perdemos…- la joven comenzó a temblar, su piel sentía el frio del cuchillo y sus vellos estaban de punta por el afilado del borde.- Ese escalofrió es lo último que yo sentí. Cuan…- la voz dejó de hablar cuando de repente la joven se puso de pie. Lentamente se dio la vuelta
-Puedo verte- dijo con una voz suave y tranquila.-si puedo verte significa que ya estoy en camino…- la joven se desplomó sobre su propia sangre. Notó el calor de ella en su espalda. Su visión se volvía borrosa, ya no distinguía si era de día o de noche. Una luz azul se acercó a ella.
-No sabes cuanta gente que desea fervientemente vivir fallece… todo ese deseo y esa esperanza por continuar podría parar de girar el mundo, pero no lo hace. ¿Por qué dices? Porque hay gente como nosotros que teniendo toda la vida por delante elige acabar con ella…-
La joven comenzó a centrar su vista… -Ahora que puedes verme, te preguntarás por qué he intentado impedírtelo. Por pura diversión, soy como un cazador, me gusta jugar con la presa antes de llevármela… en el momento en el que tuviste contacto conmigo ya no puedes dar vuelta atrás ¿qué sentiste cuando te diste cuenta? Dímelo por favor.- la joven movió los labios y se entendió una palabra:
-Satisfacción.- la joven escuchó una pequeña carcajada. Lo último que pudo distinguir con sus ojos fue una figura con una túnica negra que la envolvía en una gélida y completa oscuridad…

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