Un día esplendido. Los grandes árboles dejaban pasar pequeños rayos de luz provenientes del Sol que iluminaban los senderos. Pero lo que más brillaba, era Yü. Había salido más temprano de lo normal para su paseo diario durante el día. El bosque era muy profundo y laberíntico, pero para la joven nunca había sido un problema, pues habitaba en él desde hacía siglos. Conocía todos los peligros, y nunca salía de los bordes que sus antepasados le impusieron. Para ella cada día era una aventura diferente: Un día corría por las ramas con las pequeñas patas de un roedor; otro día recorría los pequeños caminos del sendero con las pezuñas de un mamífero… pero la que más le gustó fue la de volar entre los árboles con esa piel de diferentes colores llamativos. Ese día decidió repetir esa experiencia.
Yü se deslizaba por el aire con mucha soltura, y pensó que no podría ser más feliz. De repente oyó algo a lo lejos. Era un sonido que nunca había oído de ningún ser del bosque. Le provocaba cierta angustia y le daba bastante miedo. Pero la curiosidad pudo más que cualquier cosa que pudiera sentir. Ahora el sonido era más fuerte, se estaba acercando. Por fin llegó al sitio, se posó sobre una planta bastante grande, y miró con detenimiento. En el suelo había una especie de animal no se movía ningún ápice, así que supuso que estaría durmiendo. Su piel era muy extraña, como si tuviera varias capas y de diferentes colores. Tenía una larga cabellera morena, pero solo en la cabeza. Estaba tumbada hacia arriba, y sus patas traseras estaban separadas. Entre esas patas, se encontraba un ser más pequeño, tenía un cierto parecido en la forma con el animal mayor pero este no tenía pelo ni tampoco ninguna piel por encima. Estaba embadurnado en un extraño líquido rojo y de su estómago se diferenciaba una especie de cola. El animal pequeño agitaba las patas, pero no se movía del sitio. El rugido que emanaba era cada vez más intenso. No pudo soportarlo más y se dirigió hacia la pequeña criatura.
-Alto Yü- escuchó de repente una voz en su interior. Hacía mucho tiempo que no escuchaba la voz de su ancestro. –No te acerques, aléjate.- Nunca había desobedecido a su ancestro. Así que Yü comenzó a volar y tomó el camino por donde había venido. Iba concentrada en la voz que seguía hablándole, así no podía oír al pequeño animal.
-Nunca te hablé de ellos. No sé por dónde empezar. Lo único que puedo decirte es que ya nada será igual. Ningún habitante del bosque es tan horrible como la cría que acabas de ver.- la voz siguió hablando mientras Yü volaba. –No posee ninguna virtud como la visión de un halcón ni la velocidad de un zorro… pero tiene algo en su interior, algo siniestro. Una gran capacidad de aprendizaje, y cuanto más aprende, más peligroso se vuelve. Esperemos que no pasen de ahí. Lo único que podemos hacer es desear con todo nuestro corazón que esa especie no ponga un pie en tu bosque… Apaga tu deseo de saber más Yü, eso es lo que ha corrompido a esa especie.
The End
domingo, 27 de junio de 2010
lunes, 21 de junio de 2010
14. Una prueba de vida.
Jack abrió los ojos, y se sintió desconcertado. Hace menos de un parpadeo que estaba conduciendo. Salió tarde del trabajo y se dirigía a casa con su familia. Ahora no había nada. Una sensación desagradable le invadió el cuerpo. Todo era blanco. No se podía distinguir el suelo que pisaba. Nada alrededor. ¿Se había dormido? No logrará averiguarlo si no se despierta. Al fondo pudo ver algo que llamó su atención. Era una puerta. La puerta parecía ser de una clínica.
La abrió y no se extrañó nada al ver lo que había detrás de ella. Una sala de espera. Unas plantas en la esquina, unas sillas, una mesita con algunas revistas, y una ventanilla junto a otra puerta. Se acercó a la ventanilla que estaba cerrada. Leyó un cartel que había en el cristal. “Esperen su turno, serán avisados”.
Miró a las sillas, había una anciana que parecía un tanto desvalida. Estaba durmiendo. Se sentó en frente de ella. La puerta junto a la ventanilla se abrió. Jack miró a la anciana, seguía durmiendo. Pudo ver que en su mano, tenía una muñeca pero no le extrañó por alguna razón. Se fijó en la puerta, que todavía seguía abierta. Él se levantó. Se acercó a la puerta, miró de nuevo a la anciana. Dudó un instante, pero finalmente se decidió. Se acercó a la anciana y le puso la mano en el hombro. La señora levantó la vista, se puso en pie y anduvo despacio hacia la puerta. Antes de cruzar la puerta, la anciana miró a Jack y le hizo un gesto de asentimiento.
Jack sonrió y se sentó. No tuvo que esperar demasiado. La puerta se abrió de nuevo. Fue hacia ella, y entró en un pasillo con 2 puertas, una enfrente de la otra.
En la derecha había varias personas sentadas, algunas leían revistas, y otras simplemente esperaban. En la puerta de enfrente había una persona en una cama, tenía conectado varios goteros y una maquina que detectaba el pulso y la tensión. Jack entró en la habitación, la persona que se encontraba en la cama era la misma anciana de la sala de espera. Encontró su ficha en una mesilla, no ponía su nombre. Entre tanto argot médico pudo distinguir: “fallecimiento inminente”. No sabía por qué, pero sintió bastante lástima. No había nadie más en la habitación. La anciana estaba sola. Jack se iba a marchar, en la puerta miró a la anciana, vio en el electrocardiógrafo, como el pulso y la tensión bajaban cada vez más rápido. Corrió hacia la sala de enfrente, y comenzó a gritar. Nadie levantaba la vista, la gente seguía leyendo, tomando café… nadie le prestaba atención. Se dirigió a la sala de espera de antes, pero la puerta no se abría. Le dio una patada a algo en el suelo. Era la muñeca de la anciana. La cogió. Se acordó de la anciana. Fue hacia la habitación de nuevo. Las líneas de la máquina eran rectas, la anciana estaba muerta. Fue hacia ella. No respiraba. Le cogió la mano, que aun estaba caliente. Le puso la muñeca en el pecho, y los brazos alrededor de ella. De repente el cuerpo de la anciana dio un salto en la cama, y Jack notó un fuerte dolor en el pecho. La anciana seguía con los brazos cruzados alrededor de la muñeca. Otro salto. Más dolor en el pecho. Jack apenas se tenía en pie. La anciana dio otro salto, esta vez se quedó un instante en el aire. Y el dolor fue mucho más intenso… empezó a verlo todo nublado. Lo último que pudo ver antes de perder el conocimiento fue como la anciana se levantaba de la cama y se dirigía hacia él arrastrando la muñeca…
-Tiene pulso, lo tenemos doctor.- la enfermera ajustó los goteros, y comprobó el electrocardiógrafo de nuevo.
- Buen trabajo muchachos, Susan lo has hecho muy bien- el doctor se quitó los guantes y respiró con tranquilidad. – Termine la sutura, y prepare otra transfusión.- dijo a sus ayudantes que siguieron trabajando. El doctor salió a la sala de espera. Allí se encontraba una mujer con una niña. Estaba desecha por los nervios. El médico la tranquilizó, y le explicó la situación. La mujer lloró de alegría y abrazó a su hija. La pequeña sonreía, a pesar del llanto de su madre, pues en el fondo entendía que todo iba bien. El médico se dirigió a la pequeña.
-Ya pasó preciosa, pronto verás a papá.- la niña le enseñó lo que sujetaba.
- Vaya que bonita muñeca, ¿Cómo se llama?-.
The End
La abrió y no se extrañó nada al ver lo que había detrás de ella. Una sala de espera. Unas plantas en la esquina, unas sillas, una mesita con algunas revistas, y una ventanilla junto a otra puerta. Se acercó a la ventanilla que estaba cerrada. Leyó un cartel que había en el cristal. “Esperen su turno, serán avisados”.
Miró a las sillas, había una anciana que parecía un tanto desvalida. Estaba durmiendo. Se sentó en frente de ella. La puerta junto a la ventanilla se abrió. Jack miró a la anciana, seguía durmiendo. Pudo ver que en su mano, tenía una muñeca pero no le extrañó por alguna razón. Se fijó en la puerta, que todavía seguía abierta. Él se levantó. Se acercó a la puerta, miró de nuevo a la anciana. Dudó un instante, pero finalmente se decidió. Se acercó a la anciana y le puso la mano en el hombro. La señora levantó la vista, se puso en pie y anduvo despacio hacia la puerta. Antes de cruzar la puerta, la anciana miró a Jack y le hizo un gesto de asentimiento.
Jack sonrió y se sentó. No tuvo que esperar demasiado. La puerta se abrió de nuevo. Fue hacia ella, y entró en un pasillo con 2 puertas, una enfrente de la otra.
En la derecha había varias personas sentadas, algunas leían revistas, y otras simplemente esperaban. En la puerta de enfrente había una persona en una cama, tenía conectado varios goteros y una maquina que detectaba el pulso y la tensión. Jack entró en la habitación, la persona que se encontraba en la cama era la misma anciana de la sala de espera. Encontró su ficha en una mesilla, no ponía su nombre. Entre tanto argot médico pudo distinguir: “fallecimiento inminente”. No sabía por qué, pero sintió bastante lástima. No había nadie más en la habitación. La anciana estaba sola. Jack se iba a marchar, en la puerta miró a la anciana, vio en el electrocardiógrafo, como el pulso y la tensión bajaban cada vez más rápido. Corrió hacia la sala de enfrente, y comenzó a gritar. Nadie levantaba la vista, la gente seguía leyendo, tomando café… nadie le prestaba atención. Se dirigió a la sala de espera de antes, pero la puerta no se abría. Le dio una patada a algo en el suelo. Era la muñeca de la anciana. La cogió. Se acordó de la anciana. Fue hacia la habitación de nuevo. Las líneas de la máquina eran rectas, la anciana estaba muerta. Fue hacia ella. No respiraba. Le cogió la mano, que aun estaba caliente. Le puso la muñeca en el pecho, y los brazos alrededor de ella. De repente el cuerpo de la anciana dio un salto en la cama, y Jack notó un fuerte dolor en el pecho. La anciana seguía con los brazos cruzados alrededor de la muñeca. Otro salto. Más dolor en el pecho. Jack apenas se tenía en pie. La anciana dio otro salto, esta vez se quedó un instante en el aire. Y el dolor fue mucho más intenso… empezó a verlo todo nublado. Lo último que pudo ver antes de perder el conocimiento fue como la anciana se levantaba de la cama y se dirigía hacia él arrastrando la muñeca…
-Tiene pulso, lo tenemos doctor.- la enfermera ajustó los goteros, y comprobó el electrocardiógrafo de nuevo.
- Buen trabajo muchachos, Susan lo has hecho muy bien- el doctor se quitó los guantes y respiró con tranquilidad. – Termine la sutura, y prepare otra transfusión.- dijo a sus ayudantes que siguieron trabajando. El doctor salió a la sala de espera. Allí se encontraba una mujer con una niña. Estaba desecha por los nervios. El médico la tranquilizó, y le explicó la situación. La mujer lloró de alegría y abrazó a su hija. La pequeña sonreía, a pesar del llanto de su madre, pues en el fondo entendía que todo iba bien. El médico se dirigió a la pequeña.
-Ya pasó preciosa, pronto verás a papá.- la niña le enseñó lo que sujetaba.
- Vaya que bonita muñeca, ¿Cómo se llama?-.
The End
lunes, 14 de junio de 2010
13. Todo lo que se hizo y lo que no se pudo hacer. Parte 3
Menos mal que el muchacho estaba en coma, no podría mirarle a la cara y decirle que no llegaría a tener 12 años. Había gastado todos sus ahorros y los médicos no podían hacer nada. La joven no volvería a derramar tantas lágrimas en su vida, su hermanito era lo único que tenía en la vida. Un dolor le vino al brazo, se había cortado con un resquicio de la silla… hizo un gesto irónico. Casi 150 dólares diarios en cuidados médicos y no eran capaces de lijar un triste poza brazo de madera. Se limpió la herida en el baño, le quedó un resto en la palma de la mano. La miró con detenimiento, una lágrima cayó y se mezcló con la mancha roja… miró el espejo. Su reflejo no lloraba, no se miraba la mano. Estaba sonriendo y tenía los ojos rojos… la joven dio un paso atrás… No tengas miedo… no podía moverse, tenía más curiosidad que miedo… que pensáis cuando veis vuestro reflejo, yo no puedo ver el mío. Siempre estoy en este lado… un remolino de pensamientos le vino a la cabeza, la cual podría estar perdiendo… supongo que esta escena supone un shock, y luego vais por el mundo creyendo que lo habéis visto todo. No voy a entretenerte más… se sentía como si no pudiera escapar, como si algo le impidiera mover hasta uno solo de sus cabellos… ¿hasta dónde serias capaz de llegar para salvar a tu hermano? Si no puedes ver, ni de lejos, el límite, sigue tu instinto, rompe todas las barreras que te hacen ser una frágil humana… dirígete al fondo del pasillo y te darás cuenta verdaderamente de lo que eres capaz. No pienses, solo lo hará más duro… Se despertó de un sobresalto en la silla, no tenía ningún corte. Fue una pesadilla. Miró al chico en la cama, suspiró, lástima que todo lo demás no lo fuera. No tenía reloj pero debían ser más de las 12 de la noche. Se levantó y le dio un beso en la mejilla. Salió al pasillo, estaba desierto. Al fondo en una pared estaba la maquina del café. De camino, se cercioró de que había un hombre echando monedas. Iba con el pijama del hospital, y arrastraba un gotero consigo. El hombre, corpulento y muy sereno, caminaba con bastante dificultad. Cuando se cruzó con ella, iba a saludarle, pero algo le impidió abrir la boca… sus ojos… rojos, el rojo más intenso… todo le vino a la cabeza, el fondo del pasillo, el instinto, su hermano, el espejo… llegó a una conclusión. Ahí estaba la barrera.
-¿Ocurre algo?- pregunto el hombre de manera desagradable. La joven negó con la cabeza. Y fue hacia la máquina más rápidamente. El hombre la miró de arriba abajo y la siguió con la mirada hasta que ella llegó a la maquina.
No pensó en nada más. Fue a la zona de medicamentos, el enfermero estaba durmiendo. Un vistazo rápido. Tres jeringuillas bastarán. El hombre miraba por una ventana abierta mientras fumaba. Andaba hacia él, sus pasos no hacían ruido, su pulso se aceleraba por momentos. Cuando el hombre levantó la cabeza para expulsar el humo, ella dio un paso largo, y le clavó las jeringuillas en el cuello con la mano izquierda, mientras que con la derecha, empujaba el aire hacia dentro. El hombre empezó a retorcerse, pero no se iba a quedar ahí. La agarró por el cuello mientras se derrumbaba, tenía aun mucha fuerza. La arrastró al suelo. Si seguía así la mataría antes de que el aire colapsara todo su cuerpo. Cuando cayó al suelo ella pudo distinguir un vendaje con una pequeña mancha roja a la altura del pecho bajo el pijama. Concentró toda la fuerza que pudo en su puño derecho, y comenzó a golpearlo en el punto exacto. Mientras golpeaba una y otra vez pudo darse cuenta de cómo la mancha roja se hacía más grande y la fuerza del hombre iba menguando. Fueron incontables todos los golpes que había dado, pero por fin el hombre dejó de respirar. Su cuerpo temblaba, le dolían los nudillos, y respiraba con dificultad. Apartó de su cuello las manos del hombre y se incorporó. Miró el cuerpo sin vida. Tuvo ganas de vomitar, pero siempre había tenido un estómago fuerte. Algo detrás. El enfermero, miraba con miedo y asombro la escena. –Era un hijo de puta muy peligroso, si te vas y no me haces daño, diré que nunca has estado aquí… lo juro- dijo el muchacho con voz temblorosa. Sus ojos no reflejaban maldad alguna. Dando ligeros tumbos hacia los lados se dirigió hacia la habitación de su hermano. Se acercó a él. Le dio un gran beso en la mejilla y con lágrimas en los ojos le dijo al oído que lo quería…
Salió del hospital. Estaba lloviendo, alzó un poco la mano. El agua fría le calmaba el dolor. Entró en un callejón. Entre la basura había un trozo de cristal. Lo cogió y le dijo a su reflejo: - ¿Cuántos más?-
Mañana el mundo seguirá igual, pero no para ella. Para ella su mundo será rojo… como el reflejo de sus ojos.
The End
-¿Ocurre algo?- pregunto el hombre de manera desagradable. La joven negó con la cabeza. Y fue hacia la máquina más rápidamente. El hombre la miró de arriba abajo y la siguió con la mirada hasta que ella llegó a la maquina.
No pensó en nada más. Fue a la zona de medicamentos, el enfermero estaba durmiendo. Un vistazo rápido. Tres jeringuillas bastarán. El hombre miraba por una ventana abierta mientras fumaba. Andaba hacia él, sus pasos no hacían ruido, su pulso se aceleraba por momentos. Cuando el hombre levantó la cabeza para expulsar el humo, ella dio un paso largo, y le clavó las jeringuillas en el cuello con la mano izquierda, mientras que con la derecha, empujaba el aire hacia dentro. El hombre empezó a retorcerse, pero no se iba a quedar ahí. La agarró por el cuello mientras se derrumbaba, tenía aun mucha fuerza. La arrastró al suelo. Si seguía así la mataría antes de que el aire colapsara todo su cuerpo. Cuando cayó al suelo ella pudo distinguir un vendaje con una pequeña mancha roja a la altura del pecho bajo el pijama. Concentró toda la fuerza que pudo en su puño derecho, y comenzó a golpearlo en el punto exacto. Mientras golpeaba una y otra vez pudo darse cuenta de cómo la mancha roja se hacía más grande y la fuerza del hombre iba menguando. Fueron incontables todos los golpes que había dado, pero por fin el hombre dejó de respirar. Su cuerpo temblaba, le dolían los nudillos, y respiraba con dificultad. Apartó de su cuello las manos del hombre y se incorporó. Miró el cuerpo sin vida. Tuvo ganas de vomitar, pero siempre había tenido un estómago fuerte. Algo detrás. El enfermero, miraba con miedo y asombro la escena. –Era un hijo de puta muy peligroso, si te vas y no me haces daño, diré que nunca has estado aquí… lo juro- dijo el muchacho con voz temblorosa. Sus ojos no reflejaban maldad alguna. Dando ligeros tumbos hacia los lados se dirigió hacia la habitación de su hermano. Se acercó a él. Le dio un gran beso en la mejilla y con lágrimas en los ojos le dijo al oído que lo quería…
Salió del hospital. Estaba lloviendo, alzó un poco la mano. El agua fría le calmaba el dolor. Entró en un callejón. Entre la basura había un trozo de cristal. Lo cogió y le dijo a su reflejo: - ¿Cuántos más?-
Mañana el mundo seguirá igual, pero no para ella. Para ella su mundo será rojo… como el reflejo de sus ojos.
The End
domingo, 6 de junio de 2010
12. Todo lo que se hizo y lo que no se pudo hacer. Parte 2
Lo último que dijo aquel despreciable, es que uno de los mejores ejecutores del Jefe se encontraba en ese mugriento edificio de viviendas. “Vaya momento para enfrentarme al más peligroso…”-pensaba mientras se miraba la herida que le sangraba en el costado derecho. Los puntos que se hizo ella provisionalmente no ayudaban nada, pero no tenía otra opción, todas las fuerzas del orden le buscaban, y no podía arriesgarse en un hospital… no le quedaba mucho tiempo de vida, lo notaba. Todos los planes y el sigilo se fueron al traste, desenfundó sus armas, una de sus 9 mm estaba llena de sangre, de su propia sangre. Abrió bien los ojos, y se dirigió a toda prisa hacia la puerta. El sonido de la puerta de un coche la hizo detenerse, dos hombres salieron hacia ella. Ambos llevaban una mano dentro de la chaqueta. Se acercaron despacio, ella quitó el seguro a sus armas… uno de ellos se quitó las gafas, entonces pudo verlo, el color carmesí cubría todo el ojo… tres disparos certeros, uno de ellos intentó levantarse, mientras vomitaba una gran cantidad de sangre. Fue lo último que intentó hacer, una bala le atravesó la cabeza y le destrozó la mandíbula.
Entró en el edificio, subió las escaleras torpemente, su destino se encontraba en la 2 planta… al llegar cayó de bruces contra una puerta, se estaba despistando. No podía permitir fallar ahora, contando los dos de abajo, tan solo le quedaban 4 para acabar. Después de 6 meses de muerte y caos. Un ruido tras la puerta sobre la que estaba apoyada llamó su atención. – En la puerta de enfrente, son 4, ten mucho cuidado… rezaré por ti. – sus pasos se alejaron y ella se incorporó del todo, su sangre había formado un pequeño charco en el felpudo.
El joven se encontraba tras la puerta, a la espera de que la zorra se encontrara en la línea de tiro… miró por la mirilla, la vio acercarse. Hizo una señal a los dos matones que se encontraban tras los muebles por si el chico fallaba. El jefe se encontraba al final del salón en la puerta de la cocina, impacientándose… amartilló el arma muy despacio y escuchó sus pasos. Abrió fuego a media altura de la puerta, que quedó totalmente agujereada. Sin munición, había demasiado humo, se puso de pie, y miro por la mirilla de nuevo.
Estaba oscuro, y antes de decir nada, ella apretó el gatillo… la bala entró por el ojo y salió por la parte de atrás llenando toda la entrada y parte del salón del conjunto cerebral del muchacho. Los matones desde el salón abrieron fuego destrozando el cuerpo sin vida del joven mientras caía al suelo. La muchacha esperaba pacientemente en la puerta de al lado hasta que los matones tuvieran que recargar… sus parpados le pesaban, apenas podía tenerse en pie, solo le quedaban 3, estaba muy cerca, muy cerca… estaba a la distancia de tres balas… se acabó la munición, besó un pequeño colgante que tenía en el cuello, y se adentró en la casa. Un disparo, el primero a la garganta, era un hombre fuerte, tardará en morir unos minutos… Segundo disparo, directo al pecho a través del sofá, seccionó partes vitales del corazón… Faltaba uno, fue al dormitorio, la ventana estaba abierta, había escapado. No se iba a rendir, no se podía rendir… pero su cuerpo ya tomó esa decisión antes de que llegara al salón. En el suelo, sin poder moverse, sin sentir dolor. Lloraba de impotencia, de desesperación… su mano agarraba el acero de la pistola y entre sangre y lágrimas, tomó una decisión.
No era lo previsto, pero jamás pensé que lo lograrías. Cumpliré mi palabra y cuando sepa la verdad, se lo contaré todo… no puedo dedicarte ni una palabra más, no es justo para los demás. Nunca hablo con mis esclavos.
Entró en el edificio, subió las escaleras torpemente, su destino se encontraba en la 2 planta… al llegar cayó de bruces contra una puerta, se estaba despistando. No podía permitir fallar ahora, contando los dos de abajo, tan solo le quedaban 4 para acabar. Después de 6 meses de muerte y caos. Un ruido tras la puerta sobre la que estaba apoyada llamó su atención. – En la puerta de enfrente, son 4, ten mucho cuidado… rezaré por ti. – sus pasos se alejaron y ella se incorporó del todo, su sangre había formado un pequeño charco en el felpudo.
El joven se encontraba tras la puerta, a la espera de que la zorra se encontrara en la línea de tiro… miró por la mirilla, la vio acercarse. Hizo una señal a los dos matones que se encontraban tras los muebles por si el chico fallaba. El jefe se encontraba al final del salón en la puerta de la cocina, impacientándose… amartilló el arma muy despacio y escuchó sus pasos. Abrió fuego a media altura de la puerta, que quedó totalmente agujereada. Sin munición, había demasiado humo, se puso de pie, y miro por la mirilla de nuevo.
Estaba oscuro, y antes de decir nada, ella apretó el gatillo… la bala entró por el ojo y salió por la parte de atrás llenando toda la entrada y parte del salón del conjunto cerebral del muchacho. Los matones desde el salón abrieron fuego destrozando el cuerpo sin vida del joven mientras caía al suelo. La muchacha esperaba pacientemente en la puerta de al lado hasta que los matones tuvieran que recargar… sus parpados le pesaban, apenas podía tenerse en pie, solo le quedaban 3, estaba muy cerca, muy cerca… estaba a la distancia de tres balas… se acabó la munición, besó un pequeño colgante que tenía en el cuello, y se adentró en la casa. Un disparo, el primero a la garganta, era un hombre fuerte, tardará en morir unos minutos… Segundo disparo, directo al pecho a través del sofá, seccionó partes vitales del corazón… Faltaba uno, fue al dormitorio, la ventana estaba abierta, había escapado. No se iba a rendir, no se podía rendir… pero su cuerpo ya tomó esa decisión antes de que llegara al salón. En el suelo, sin poder moverse, sin sentir dolor. Lloraba de impotencia, de desesperación… su mano agarraba el acero de la pistola y entre sangre y lágrimas, tomó una decisión.
No era lo previsto, pero jamás pensé que lo lograrías. Cumpliré mi palabra y cuando sepa la verdad, se lo contaré todo… no puedo dedicarte ni una palabra más, no es justo para los demás. Nunca hablo con mis esclavos.
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