Ese es el sacrificio que hizo tu hermana, sintió emociones que cubrirían toda una vida de 10 personas. No hagas caso de todo lo que decía la prensa de ella, ya has descubierto que para muchas personas es una heroína, y esa es la parte con la que te tienes que quedar de ella. Ahora entiendes el por qué del cambio de tu nombre, el cambio de ciudad y todos los secretos. Ya lo sabes todo, eso te debería de bastar… suelta ese arma, harás que todo lo por lo que luchó no sirva de nada. No solo sacrificó su vida y su alma por la tuya, también lo hizo para que nunca tuvieras que llevar ese trasto encima y menos usarla… entiendo perfectamente cómo te sientes, no me mires así, te entiendo más de lo que tú te crees. Ese hombre era la última alma que debía entregarme, pero no lo consiguió.
Ya te lo he explicado, él no la mató… lo hizo ella misma, estaba sin fuerzas, tenía a sus espaldas 99 crímenes. Puedes decir todo lo que quieras de que no eran inocentes y que se merecían con creces lo que les pasó, pero eran personas… y te puedo asegurar que cargaba con todas y cada una de ellas. Descubrió que ella también era un alma más para salvarte, y me la entregó… así que aquí estás.
Ya no tienes nada en tu cuerpo que pueda matarte, salvo eso que tienes en la mano.
No puedo evitar lo que vayas a hacer, pero recuerda que tu hermana, ha hecho todo lo posible para que no te conviertas en una parte más de mi colección.
No me grites, fue ella la que vino a mi suplicando por tu vida, yo solo le dí la opción, como te la estoy dando ahora… ella sabía lo que pasaría y se atenía perfectamente a las consecuencias, las cuales está asumiendo con toda responsabilidad. No para de decirlo:”Es mi castigo, me lo merezco…-
No quiero saber nada mas, no me das pena en absoluto. Lo que te estoy diciendo es la cruda realidad, y por muchas o diferentes palabras que emplee no va cambiar el hecho de ninguna manera. Te digo lo mismo que le dije entonces a ella… deja de lloriquear, ahora es mía y la puedo llamar como quiera.
Volviendo a lo de antes… tu decides. Mira al futuro y al pasado. Puedes honrarla, y vivir como ella quería que vivieras, o puedes echarlo todo por tierra y terminar como ella… solo te digo una cosa, si te acabo llevando conmigo, no hará falta castigarte, pues la sola imagen de la decepción de tu hermana te dolerá más que cualquier cosa que te haga…
Disfruta de la vida, es lo único bueno que tiene ser mortal, como sabes que se va a acabar, cada momento es magnífico. Si no puedes hacerlo, hazlo por tu hermana, por la vida que ella no pudo tener, y la que te ha regalado.
Continuará…
domingo, 30 de mayo de 2010
lunes, 24 de mayo de 2010
10. Se recoge lo que se siembra. 2ªParte.
El campesino subió las escaleras, algo raro pasaba, las escaleras estaban llenas de tierra. Supuso que la pequeña no se había limpiado los pies… todo eso se le fue de la cabeza en cuanto entró en la habitación. Su mujer estaba en el suelo, intentaba arrastrarse mientras la sangre cubría toda la habitación. Una hoz se tambaleaba en la espalda con cada movimiento que ella conseguía en su agonía… lo último que escuchó de su esposa eran unos balbuceos que sonaban al Padre Nuestro.
Una luz llamó la atención del campesino, se asomó a la ventana, y pudo ver que casi toda la aldea estaba en llamas. Dió varios pasos atrás muy lentamente hasta que chocó con algo. Sabía lo que era antes de mirarlo, pero no le dió tiempo, pues la pequeña se encontraba en el umbral de la puerta… corrió hacia ella y la cogió en brazos mientras le tapaba los ojos. –No mires cielo-. Sin pensar en nada salió de la casa a toda prisa, y se dirigió a la iglesia, por instinto, pues nunca le había gustado ir allí en momentos de crisis o miedo.
Mientras corría, oía a la gente que se quemaba. Sus gritos de desesperación y las maldiciones a Dios le provocaban mucha angustia pero no pensaba ni por asomo en ayudar a nadie, no lo entendía. En cualquier otra situación hubiera ayudado a sacar a la gente, o estaría drenando agua…pero por alguna razón, nada le inspiraba a ayudar a nadie.
La iglesia era lo que más ardía, sus llamas brillaban con mucho esplendor… no le dió ningún apuro al pensar que se alegraba, ya que había perdido muchas horas de su vida ahí sentado, escuchando tonterías y viendo como condenaban a seres humanos. En el centro de la plaza se encontraba uno de los teólogos, famoso en la aldea por pensar más en la ciencia que en la religión. A su lado había algunas personas y bastantes niños… todos los rostros eran conocidos. Caminó hacia ellos con la pequeña aun en brazos. De cerca pudo ver que ninguno de los supervivientes (por llamarlos de alguna manera) estaba herido, o al menos sucio, pues ni siquiera él se mancho los pies de sangre…
Estaba amaneciendo, la pequeña, se incorporó en los brazos de su padre, miró arriba, respiró profundamente y dijo: - es olor a justicia-. Todos la miraron, su padre abrió la boca pero el teólogo le interrumpió: - su hija tiene razón. Es la verdadera voluntad de Dios.- todos se miraron extrañados y éste al ver sus caras, siguió hablando: -no hace falta creer en él para ser buenas personas. No miraremos lo que hemos perdido. De las cenizas crearemos un mundo mejor…-
El campesino pensó en su mujer. Sonreía… lo único verdaderamente que lamento en su vida fue no haber hecho ese espantapájaros antes.
-Lo llamare Jobac, y le regalaré mis zapatos…-
The End.
Una luz llamó la atención del campesino, se asomó a la ventana, y pudo ver que casi toda la aldea estaba en llamas. Dió varios pasos atrás muy lentamente hasta que chocó con algo. Sabía lo que era antes de mirarlo, pero no le dió tiempo, pues la pequeña se encontraba en el umbral de la puerta… corrió hacia ella y la cogió en brazos mientras le tapaba los ojos. –No mires cielo-. Sin pensar en nada salió de la casa a toda prisa, y se dirigió a la iglesia, por instinto, pues nunca le había gustado ir allí en momentos de crisis o miedo.
Mientras corría, oía a la gente que se quemaba. Sus gritos de desesperación y las maldiciones a Dios le provocaban mucha angustia pero no pensaba ni por asomo en ayudar a nadie, no lo entendía. En cualquier otra situación hubiera ayudado a sacar a la gente, o estaría drenando agua…pero por alguna razón, nada le inspiraba a ayudar a nadie.
La iglesia era lo que más ardía, sus llamas brillaban con mucho esplendor… no le dió ningún apuro al pensar que se alegraba, ya que había perdido muchas horas de su vida ahí sentado, escuchando tonterías y viendo como condenaban a seres humanos. En el centro de la plaza se encontraba uno de los teólogos, famoso en la aldea por pensar más en la ciencia que en la religión. A su lado había algunas personas y bastantes niños… todos los rostros eran conocidos. Caminó hacia ellos con la pequeña aun en brazos. De cerca pudo ver que ninguno de los supervivientes (por llamarlos de alguna manera) estaba herido, o al menos sucio, pues ni siquiera él se mancho los pies de sangre…
Estaba amaneciendo, la pequeña, se incorporó en los brazos de su padre, miró arriba, respiró profundamente y dijo: - es olor a justicia-. Todos la miraron, su padre abrió la boca pero el teólogo le interrumpió: - su hija tiene razón. Es la verdadera voluntad de Dios.- todos se miraron extrañados y éste al ver sus caras, siguió hablando: -no hace falta creer en él para ser buenas personas. No miraremos lo que hemos perdido. De las cenizas crearemos un mundo mejor…-
El campesino pensó en su mujer. Sonreía… lo único verdaderamente que lamento en su vida fue no haber hecho ese espantapájaros antes.
-Lo llamare Jobac, y le regalaré mis zapatos…-
The End.
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