Ana estaba exhausta. El intenso calor del hemisferio sur la agobiaba bastante. El bar no estaba muy lleno, había dos jovencitas, bastante ligeras de ropa, que parloteaban en un idioma extraño y toqueteaban un móvil de curiosa antigüedad. La camarera se acercó a su mesa.
-¿españiola?- dijo con poca dificultad. Ana asintió con la cabeza y se fijó en ella. No tendría más de 25 años, su piel era morena, pero algo más clara de lo normal en esta zona, tenia el pelo largo recogido por una cola y lo trenzado. Era muy guapa y esbelta, y se le podía diferenciar la barriga de embarazo de algunos meses.
-¿qué desea tomar?- dijo con una sonrisa amplia.
-Una cerveza por favor.- contestó Ana.-Hablas muy bien español-
-Grasias, estoy aprendiendo- dijo concentrándose. – me gusta españiol, pero muy difísil-
-Si, es una lengua complicada, pero tú lo llevas muy bien.- dijo con mucha amabilidad.
La camarera pasó por detrás de la barra, abrió una nevera y sacó un botellón con el dibujo de un volcán en la etiqueta. Cogió una copa de mediano tamaño y se lo llevó a la mesa.
-Gracias- dijo Ana mientras la camarera le servía la cerveza en la copa.
-¿cuál es tu nombre?- preguntó la camarera cuando terminó de servir.
-Ana- respondió.- ¿y tu, como te llamas?-
-Eh, mi nombre es Shinuua- respondió lentamente.
-Sinua- repitió Ana.-Es muy bonito.-
-Grasias, eh, Anna muy bonito también.- dijo Shinnua despacio pero muy claro.
-Tu aquí, ¿vacaciones?- preguntó a continuación.
- Oh no, estaba buscando a alguien.- dijo Ana dubitativa.
Shinnua se sentó con cuidado a su lado, y le dijo con voz más baja:
-¿Buscas persona españiol?- preguntó y Ana asintió con la cabeza.- puedo ayudar, no muchos españoles aquí, en Zanzíbar.-
Ana no quería ir por ahí contando todo, pero si quería encontrarlo tendría que hacerlo, no podría hacerlo sola.
-Se llama Carlos, es… bueno espera- Ana se sacó una foto del bolsillo de la mochila. Y se la enseñó a Shinnua. Miró la foto con detenimiento y curiosidad. Se la devolvió a Ana muy despacio.
-Yo, siento.- dijo con tristeza. –no haber visto por aquí.- Shinnua se levanto y se llevó la botella vacía de la mesa.
Ana se sintió un poco decepcionada. Pero no se iba a rendir fácilmente.
- Me dijeron, en el hotel, que este bar es de un hombre español.- dijo Ana con tono atrevido.
- Si, eh, es cierto.- respondió Shinnua con un poco de frialdad. –Hombre venir una o dos veces en mes. Hombre más mayor, no ser chico de foto.-
Ana se preguntó que porque no le diría nada del dueño del bar, y también porqué no preguntaría como desapareció o como se fue… Sus pensamientos fueron interrumpidos.
-¿por qué creer tu, novio tuyo en Zanzíbar?- preguntó Shinnua de repente.
-He ido reuniendo pistas- dijo Ana mientras se acercaba a la barra. –extractos bancarios en el que estaba ahorrando dinero, me dijo que le recortaron el sueldo.- Ana se tomó una pausa para terminarse la cerveza y aclarase la voz. – Encontré un chequeo médico, que resultó ser varias vacunas que te exigen para viajar a esta zona del mundo en concreto.- Shinnua la miraba intrigada y con desconfianza. Ana continuó: - después una amiga mía, que es azafata, me consiguió una factura de un billete a nombre de Imanol Fernandez Sigüenza- Shinnua la miró con un poco de interés. –Es el nombre que le ibamos a poner a nuestro hijo. El hijo que perdí de forma natural…
Ana agachó la cabeza, y Shinnua se acarició la barriga.
-Yo siento mucho, pero aquí no estar él…-Shinnua se dio la vuelta y se puso a fregar los platos. Ana sacó dinero y lo puso en la barra
-Quedate con el cambio, y gracias por todo.- Ana recogió su mochila.
Un pensamiento irrumpió en su cabeza… novio. “Yo nunca le dije a Shinnua que era mi novio”. Ana volvió a la barra y dijo:
-Sabes por qué le busco?- Shinnua dejo de fregar y giró la cara hacia ella.-Porque no perdí el niño. Los médicos se equivocaron…- Ana se refregó los ojos y Shinnua se dio la vuelta por completo. – Imanol está vivo. –
Ana se marchó andando muy rápido, lo había encontrado, pero ahora no quería verlo. Cuando se calmara volvería a ese bar.
Shinnua entró en el pequeño almacén tras la barra del bar. En el suelo estaba sentado un hombre. Era delgado pero de constitutción fuerte. Tenía el pelo largo suelto sobre los hombros, y su piel estaba bronceada de manera natural. Él levantó la vista y miró a la joven mulata. Luego lentamente dirigió la mirada al abdomen abultado por el pequeño que crecía dentro.
-Los médicos se equivocaron.- dijo con voz suave.
-Ella sigue creyendo que la dejaste por el aborto.- dijo Shinnua con la esperanza de que así no fuera.
-El aborto fue el trampolín, no fue el verdadero motivo.- asintió el hombre mirando a los ojos de Shinnua. –Te ha mentido, y le ha salido bien.- sonrió- siempre ha sido muy astuta. – el hombre sonrió orgulloso.
-¿Vas a hacer algo?- dijo Shinnua un tanto avergonzada.
-No- dijo con claridad.-ya sabe donde estoy, esperaremos a que dé el siguiente paso.
Terminará...
lunes, 31 de enero de 2011
lunes, 24 de enero de 2011
19. Entender el poder y el querer. Parte 1 : Pista.
La joven no pudo evitar soltar alguna que otra grosería al salir de la comisaria. Se sentía totalmente impotente y la soledad que la envolvía iba creciendo por cada paso que daba por la calle.
-Espere- una voz detrás suya-por favor, aguarde un momento.- al mirar atrás vio a una agente de policía que corría hacia ella. Cuando se giró para seguir andando con su frustración, notó una suave mano en su hombro que la sujetaba con firmeza pero sin fuerza.
-La entiendo perfectamente, Ana- dijo la policía. Antes de que la joven pudiera decir nada la agente continuó hablando:- Sí, a mí también me abandonaron.- Ana no pudo evitar relajar su cuerpo y dedicarle una mirada de compasión.
- Mi novio se marchó de casa sin dar explicaciones cuando me quedé embarazada.- la voz de la agente se fue haciendo más tenue y cálida. – Tiene que entenderlo. Al no haber desaparición ni denuncia, no podemos hacer nada. Lo siento de veras.- la agente de policía le cogió de la mano y se la apretó. Al mismo tiempo se acercó a ella y le susurró:
- No se rinda Ana, rebusque en su memoria, analice los detalles con calma, no descarte ni lo más improbable.- Ana miró a la agente con interés.- seguro que algo le lleva hasta él.- Ana le dio un abrazo que la agente respondió con esmero
-Gracias.- la agente pudo ver una agradable sonrisa antes de que la joven se diera la vuelta.
- Una cosa más Ana,- dijo a pocos metros de ella. –si lo consigue, no le pregunte nada, ni porqué ni ninguna cosa que pueda acabar con ese momento. Solo asegúrese de que esté bien, como dijo en la comisaria.- la agente se dio la vuelta y caminó despacio hacia la comisaria. Ana la miró durante un buen rato y logró tranquilizarse. Entonces comenzó a darle vueltas a la cabeza.
Dos semanas después Ana estaba en un avión. Tenía varias escalas y el billete le costó casi todos sus ahorros.
“Señoras y señores, hemos llegado a la isla de Zanzíbar”.
Continuará…
-Espere- una voz detrás suya-por favor, aguarde un momento.- al mirar atrás vio a una agente de policía que corría hacia ella. Cuando se giró para seguir andando con su frustración, notó una suave mano en su hombro que la sujetaba con firmeza pero sin fuerza.
-La entiendo perfectamente, Ana- dijo la policía. Antes de que la joven pudiera decir nada la agente continuó hablando:- Sí, a mí también me abandonaron.- Ana no pudo evitar relajar su cuerpo y dedicarle una mirada de compasión.
- Mi novio se marchó de casa sin dar explicaciones cuando me quedé embarazada.- la voz de la agente se fue haciendo más tenue y cálida. – Tiene que entenderlo. Al no haber desaparición ni denuncia, no podemos hacer nada. Lo siento de veras.- la agente de policía le cogió de la mano y se la apretó. Al mismo tiempo se acercó a ella y le susurró:
- No se rinda Ana, rebusque en su memoria, analice los detalles con calma, no descarte ni lo más improbable.- Ana miró a la agente con interés.- seguro que algo le lleva hasta él.- Ana le dio un abrazo que la agente respondió con esmero
-Gracias.- la agente pudo ver una agradable sonrisa antes de que la joven se diera la vuelta.
- Una cosa más Ana,- dijo a pocos metros de ella. –si lo consigue, no le pregunte nada, ni porqué ni ninguna cosa que pueda acabar con ese momento. Solo asegúrese de que esté bien, como dijo en la comisaria.- la agente se dio la vuelta y caminó despacio hacia la comisaria. Ana la miró durante un buen rato y logró tranquilizarse. Entonces comenzó a darle vueltas a la cabeza.
Dos semanas después Ana estaba en un avión. Tenía varias escalas y el billete le costó casi todos sus ahorros.
“Señoras y señores, hemos llegado a la isla de Zanzíbar”.
Continuará…
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