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Darle la vuelta a la tortilla

Darle la vuelta a la tortilla

lunes, 14 de junio de 2010

13. Todo lo que se hizo y lo que no se pudo hacer. Parte 3

Menos mal que el muchacho estaba en coma, no podría mirarle a la cara y decirle que no llegaría a tener 12 años. Había gastado todos sus ahorros y los médicos no podían hacer nada. La joven no volvería a derramar tantas lágrimas en su vida, su hermanito era lo único que tenía en la vida. Un dolor le vino al brazo, se había cortado con un resquicio de la silla… hizo un gesto irónico. Casi 150 dólares diarios en cuidados médicos y no eran capaces de lijar un triste poza brazo de madera. Se limpió la herida en el baño, le quedó un resto en la palma de la mano. La miró con detenimiento, una lágrima cayó y se mezcló con la mancha roja… miró el espejo. Su reflejo no lloraba, no se miraba la mano. Estaba sonriendo y tenía los ojos rojos… la joven dio un paso atrás… No tengas miedo… no podía moverse, tenía más curiosidad que miedo… que pensáis cuando veis vuestro reflejo, yo no puedo ver el mío. Siempre estoy en este lado… un remolino de pensamientos le vino a la cabeza, la cual podría estar perdiendo… supongo que esta escena supone un shock, y luego vais por el mundo creyendo que lo habéis visto todo. No voy a entretenerte más… se sentía como si no pudiera escapar, como si algo le impidiera mover hasta uno solo de sus cabellos… ¿hasta dónde serias capaz de llegar para salvar a tu hermano? Si no puedes ver, ni de lejos, el límite, sigue tu instinto, rompe todas las barreras que te hacen ser una frágil humana… dirígete al fondo del pasillo y te darás cuenta verdaderamente de lo que eres capaz. No pienses, solo lo hará más duro… Se despertó de un sobresalto en la silla, no tenía ningún corte. Fue una pesadilla. Miró al chico en la cama, suspiró, lástima que todo lo demás no lo fuera. No tenía reloj pero debían ser más de las 12 de la noche. Se levantó y le dio un beso en la mejilla. Salió al pasillo, estaba desierto. Al fondo en una pared estaba la maquina del café. De camino, se cercioró de que había un hombre echando monedas. Iba con el pijama del hospital, y arrastraba un gotero consigo. El hombre, corpulento y muy sereno, caminaba con bastante dificultad. Cuando se cruzó con ella, iba a saludarle, pero algo le impidió abrir la boca… sus ojos… rojos, el rojo más intenso… todo le vino a la cabeza, el fondo del pasillo, el instinto, su hermano, el espejo… llegó a una conclusión. Ahí estaba la barrera.
-¿Ocurre algo?- pregunto el hombre de manera desagradable. La joven negó con la cabeza. Y fue hacia la máquina más rápidamente. El hombre la miró de arriba abajo y la siguió con la mirada hasta que ella llegó a la maquina.
No pensó en nada más. Fue a la zona de medicamentos, el enfermero estaba durmiendo. Un vistazo rápido. Tres jeringuillas bastarán. El hombre miraba por una ventana abierta mientras fumaba. Andaba hacia él, sus pasos no hacían ruido, su pulso se aceleraba por momentos. Cuando el hombre levantó la cabeza para expulsar el humo, ella dio un paso largo, y le clavó las jeringuillas en el cuello con la mano izquierda, mientras que con la derecha, empujaba el aire hacia dentro. El hombre empezó a retorcerse, pero no se iba a quedar ahí. La agarró por el cuello mientras se derrumbaba, tenía aun mucha fuerza. La arrastró al suelo. Si seguía así la mataría antes de que el aire colapsara todo su cuerpo. Cuando cayó al suelo ella pudo distinguir un vendaje con una pequeña mancha roja a la altura del pecho bajo el pijama. Concentró toda la fuerza que pudo en su puño derecho, y comenzó a golpearlo en el punto exacto. Mientras golpeaba una y otra vez pudo darse cuenta de cómo la mancha roja se hacía más grande y la fuerza del hombre iba menguando. Fueron incontables todos los golpes que había dado, pero por fin el hombre dejó de respirar. Su cuerpo temblaba, le dolían los nudillos, y respiraba con dificultad. Apartó de su cuello las manos del hombre y se incorporó. Miró el cuerpo sin vida. Tuvo ganas de vomitar, pero siempre había tenido un estómago fuerte. Algo detrás. El enfermero, miraba con miedo y asombro la escena. –Era un hijo de puta muy peligroso, si te vas y no me haces daño, diré que nunca has estado aquí… lo juro- dijo el muchacho con voz temblorosa. Sus ojos no reflejaban maldad alguna. Dando ligeros tumbos hacia los lados se dirigió hacia la habitación de su hermano. Se acercó a él. Le dio un gran beso en la mejilla y con lágrimas en los ojos le dijo al oído que lo quería…
Salió del hospital. Estaba lloviendo, alzó un poco la mano. El agua fría le calmaba el dolor. Entró en un callejón. Entre la basura había un trozo de cristal. Lo cogió y le dijo a su reflejo: - ¿Cuántos más?-
Mañana el mundo seguirá igual, pero no para ella. Para ella su mundo será rojo… como el reflejo de sus ojos.


The End

3 comentarios:

  1. carmencita de los bosques23 de junio de 2010 a las 8:47

    se me paso comentarte en este, bueno, queda mas claro, aunq ya me leere todas las partes con detenimiento para hacerte un comentario de texto digno de selectividad,ejeje.
    algun dia te contare mis pesadillas y haras relatos molones y oscuros,jeje. un bestiazo!! (un besazo :P)

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