Lo último que dijo aquel despreciable, es que uno de los mejores ejecutores del Jefe se encontraba en ese mugriento edificio de viviendas. “Vaya momento para enfrentarme al más peligroso…”-pensaba mientras se miraba la herida que le sangraba en el costado derecho. Los puntos que se hizo ella provisionalmente no ayudaban nada, pero no tenía otra opción, todas las fuerzas del orden le buscaban, y no podía arriesgarse en un hospital… no le quedaba mucho tiempo de vida, lo notaba. Todos los planes y el sigilo se fueron al traste, desenfundó sus armas, una de sus 9 mm estaba llena de sangre, de su propia sangre. Abrió bien los ojos, y se dirigió a toda prisa hacia la puerta. El sonido de la puerta de un coche la hizo detenerse, dos hombres salieron hacia ella. Ambos llevaban una mano dentro de la chaqueta. Se acercaron despacio, ella quitó el seguro a sus armas… uno de ellos se quitó las gafas, entonces pudo verlo, el color carmesí cubría todo el ojo… tres disparos certeros, uno de ellos intentó levantarse, mientras vomitaba una gran cantidad de sangre. Fue lo último que intentó hacer, una bala le atravesó la cabeza y le destrozó la mandíbula.
Entró en el edificio, subió las escaleras torpemente, su destino se encontraba en la 2 planta… al llegar cayó de bruces contra una puerta, se estaba despistando. No podía permitir fallar ahora, contando los dos de abajo, tan solo le quedaban 4 para acabar. Después de 6 meses de muerte y caos. Un ruido tras la puerta sobre la que estaba apoyada llamó su atención. – En la puerta de enfrente, son 4, ten mucho cuidado… rezaré por ti. – sus pasos se alejaron y ella se incorporó del todo, su sangre había formado un pequeño charco en el felpudo.
El joven se encontraba tras la puerta, a la espera de que la zorra se encontrara en la línea de tiro… miró por la mirilla, la vio acercarse. Hizo una señal a los dos matones que se encontraban tras los muebles por si el chico fallaba. El jefe se encontraba al final del salón en la puerta de la cocina, impacientándose… amartilló el arma muy despacio y escuchó sus pasos. Abrió fuego a media altura de la puerta, que quedó totalmente agujereada. Sin munición, había demasiado humo, se puso de pie, y miro por la mirilla de nuevo.
Estaba oscuro, y antes de decir nada, ella apretó el gatillo… la bala entró por el ojo y salió por la parte de atrás llenando toda la entrada y parte del salón del conjunto cerebral del muchacho. Los matones desde el salón abrieron fuego destrozando el cuerpo sin vida del joven mientras caía al suelo. La muchacha esperaba pacientemente en la puerta de al lado hasta que los matones tuvieran que recargar… sus parpados le pesaban, apenas podía tenerse en pie, solo le quedaban 3, estaba muy cerca, muy cerca… estaba a la distancia de tres balas… se acabó la munición, besó un pequeño colgante que tenía en el cuello, y se adentró en la casa. Un disparo, el primero a la garganta, era un hombre fuerte, tardará en morir unos minutos… Segundo disparo, directo al pecho a través del sofá, seccionó partes vitales del corazón… Faltaba uno, fue al dormitorio, la ventana estaba abierta, había escapado. No se iba a rendir, no se podía rendir… pero su cuerpo ya tomó esa decisión antes de que llegara al salón. En el suelo, sin poder moverse, sin sentir dolor. Lloraba de impotencia, de desesperación… su mano agarraba el acero de la pistola y entre sangre y lágrimas, tomó una decisión.
No era lo previsto, pero jamás pensé que lo lograrías. Cumpliré mi palabra y cuando sepa la verdad, se lo contaré todo… no puedo dedicarte ni una palabra más, no es justo para los demás. Nunca hablo con mis esclavos.
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mi enorabuena
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